«Entonces Moisés dijo a Dios: «Si voy a los israelitas, y les digo: “El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes”, tal vez me digan: “¿Cuál es Su nombre?”, ¿qué les responderé?». 14 Y dijo Dios a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY», y añadió: «Así dirás a los israelitas: “YO SOY me ha enviado a ustedes”». 15 Dijo además Dios a Moisés: «Así dirás a los israelitas: “El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes”. Este es Mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de Mí de generación en generación. 16 Ve y reúne a los ancianos de Israel, y diles: “El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido y dijo: ‘Ciertamente los he visitado y he visto lo que les han hecho en Egipto» (Éxodo 3:13-16).

En la Biblia, leemos muchas historias sobre Jesús que nos ayudan a conocerlo mejor. El apóstol Juan, en su evangelio, nos dejó un registro de dichos de Jesús sobre sí mismo. El famoso «Yo soy», es un dicho corto, y conciso, que revela características en diferentes puntos sobre el carácter y ministerio de Jesús. Podemos ver las frases «Yo soy» de Jesús, como una continuación y cumplimiento de la revelación que Dios tuvo a Moisés en el desierto.

Cuando Moisés huyó al desierto, no solamente huía de los egipcios, sino también de su propia conciencia tras haber asesinado a un hombre. Podemos imaginar lo que habría pasado por su mente. El miedo, el pánico, los diálogos internos que no nos son desconocidos a todos en ciertos momentos de nuestra vida: «¿Y si me pillan?»; «¿Puede Dios perdonarme realmente?»; «Creo que he echado a perder mi vida»; «Debería huir». La angustia de Moisés al huir al desierto es el miedo de un hombre que huye por su vida y también de su remordimiento de conciencia. Cuando estamos huyendo, podemos imaginar que Dios está distante, o enfadado. Los pensamientos aterradores de un hombre culpable pueden crear ideas distorsionadas de un dios que no es el Dios fiel y omnipotente de Abraham, Isaac y Jacob.

Pero el Dios de la Biblia ya está presente antes de que te dispongas a encontrarlo. Él te está esperando. A Dios no le sorprende cuando, como a Moisés, nos encontramos en el desierto. Por el contrario, Dios se reveló a Moisés y le dijo «Yo Soy», para así, luego él pudiera demostrar a los demás quién es Dios.

Jesús es la manifestación humana del mismo Dios que se le apareció a Moisés en el desierto. Jesús también dijo: «Yo Soy», y de ese modo nos demostró por toda la eternidad cómo es Dios. Todos somos como Moisés corriendo en los desiertos de nuestra culpable conciencia ante nuestro Creador. Sin embargo, Dios está ahí librándonos de la muerte, llamándonos a salir del escondite y rescatarnos, incluso cuando parece que mantenerse alejado es la opción mas fácil. Así mismo, Jesús nos llama a Él. Así que quítate los calzados y acércate a Jesús. El gran «Yo Soy» está aquí y no hay que temer.

¿Ha tenido ya un encuentro con Él?

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