Desde hace alrededor de dos décadas Ucrania se ha convertido en un destino estudiantil para ecuatorianos que quieren salir a estudiar a otro país, pero tal vez no cuentan con los recursos para ir a los más tradicionales destinos, puesto que ofrece un estilo de vida accesible, oportunidades y la experiencia de conocer una cultura entre los dos lados de Europa. Aunque ahora con la invasión rusa los estudiantes ecuatorianos hayan tenido que salir.

De acuerdo con información de programas que enlazan a ecuatorianos con universidades de allá, los costos de cursar una carrera empiezan en alrededor de 900 dólares por semestre, además de con alrededor de 200 dólares mensuales se puede vivir.

Las carreras que más buscan son de ingenierías, las relacionadas con la aviación, así como la medicina. Luego otras que muchas veces en el país o en la región de Latinoamérica no hay, puesto que Ucrania desde los tiempos de la Unión Soviética ha sido centro científico y quedó esa cultura de desarrollar la ciencia y eso ocasionaba que se creen carreras interesantes. Y se iba a Kiev y otras ciudades, y el primer año se dedicaba a nivelación y a aprender el idioma.

Desde jóvenes de pocos recursos que van con el apoyo de su familia o comunidades -por ejemplo, comunidades indígenas- hasta de segmento medio alto. Ellos buscan estudios en Ucrania y también en Rusia. Además de la experiencia que se vive en un país en que la gente es amable y ahorita la mayoría que sale está preocupada de qué va a pasar con sus estudios y de cómo se seguirán desarrollando las cosas en ese país para quienes le gustó su estadía o incluso se quedaron luego de terminar sus estudios.

Este último es el caso de Joshua Pinzón, quien llegó a Ucrania en octubre de 2012 y tras terminar sus estudios en ingeniería en microelectrónica se quedó como residente haciendo su vida allá y volvió a estudiar economía y finanzas y luego un MBA, además de aprender ucraniano y ruso.

“Conocí al amor de mi vida, que es ucraniana, y tomamos la decisión de casarnos en el 2018″, cuenta Pinzón, quien cuenta que tiene ciertos negocios pequeños propios.

Ahora, a sus 26 años, por la invasión, decidió salir con su pareja -local-, que está embarazada, y está camino a Bruselas (Bélgica).

Una manifestante sostiene una pancarta cerca de la Plaza de la Independencia durante una protesta por la invasión de Rusia a Ucrania, en Kuala Lumpur, Malasia.

Una manifestante sostiene una pancarta cerca de la Plaza de la Independencia durante una protesta por la invasión de Rusia a Ucrania, en Kuala Lumpur, Malasia.

“Tenía una vida muy bonita, con oportunidades, viajes, todo tranquilo… (ahora) la comunidad ucraniana se ha unido mucho, incluso nosotros siempre estamos mandando información a personas que llegan a nuestras ciudades, dando contactos para ayudar a personas… hemos visto el amor que tienen las personas por el país”, apunta Pinzón, quien añade levantarse cada día y ver que hay más destrucción y más muertos y no puede evitar que salgan las lágrimas por un país en el que vive desde los 17 años, y cree que el pueblo ucraniano no quiere ser dominado por Putin y por eso van a luchar hasta final.

Javier Donoso (37 años) es otro ecuatoriano, de Quito, que fue a estudiar y se quedó viviendo y formó una familia, ahora afirma que siguen en casa “todos juntos”.

En una publicación previa Donoso, quien vive en Kiev desde el 2008 y trabaja como representante y tutor de estudiantes de Latinoamérica en AlfaZeta International Education -a través de la cual tenía unos 45 estudiantes en diferentes universidades de Kiev-, dijo que ha colaborado para que estudiantes salieran. Muchos de ellos le dijeron que quieren pasar esta situación y regresar a continuar con sus estudios, pero también había otros que ya se regresaban totalmente a Ecuador.

Donoso también expresaba que en sus diez años trabajando con estudiantes, quienes iban a hacer carreras de grado o posgrado en Ucrania lo hacían especialmente en medicina y carreras técnicas como electrónica, mecánica y aeronáutica.

Ricardo Gómez es otro ecuatoriano, de Guayaquil, que vive en Ucrania, él primero fue a estudiar, se enamoró y con su esposa retorno a Guayaquil, pero a fines del año anterior volvió a Ucrania huyendo de los peligros de la ciudad, pero ahora, por la situación, está en Varsovia (Polonia).

Personas se reúnen para protestar contra la invasión rusa de Ucrania, en La Haya, Países Bajos, 05 de marzo de 2022.

Personas se reúnen para protestar contra la invasión rusa de Ucrania, en La Haya, Países Bajos, 05 de marzo de 2022.

“Yo viví (primero) en Ucrania desde 2004 hasta 2009, ahí conocí a mi esposa y se vino conmigo y hace cuatro años decidimos hacer cambios y volver a Ucrania… Cuando vine en 2004 yo estaba en Vinnytsia, a tres horas y media en tren de Kiev. Era muy distinto, para empezar yo era de la primera remesa que trajeron de ecuatorianos… y era chévere porque llamaba más la atención a las chicas, pero también había un poco más racismo que ahora -amigos suyos tuvieron ciertos episodios-”, cuenta Gómez, quien comenta que en la capital se encuentra con ecuatorianos en su trabajo de call center, especialmente porque se permite que estudiantes trabajen medio tiempo.

Más o menos en la misma época en que él estudió también estuvo Paúl Espinosa, quien llegó en 2006 a estudiar medicina hasta 2011, en Vinnytsia.

“Actualmente vivo en Ecuador y con otros exestudiantes que vivieron en Ucrania organizamos un chat de apoyo que ha servido para ayudar a nuestros compatriotas a salir del país en conflicto”, apunta Espinosa, quien agrega que la experiencia del chat fue maravilloso, pues pudieron ayudar a que varios grupos -”más de 100 ecuatorianos”- llegaran a las fronteras y en el chat encontraban información oficial, incluso una compañera que vivió en Ucrania que hoy trabaja en Cancillería les daba guía personalizada para cruzar.

Él recuerda a Ucrania como un país hermoso, aunque al llegar el choque cultural fue fuerte por el idioma, el clima y la comida. “Personalmente no cumplió mis expectativas, el nivel académico era bueno, pero (en ese tiempo) nos dividían extranjeros y ucranianos, lo que hacía que la educación sea mejor para los ucranianos y no tan buena para los extranjeros. Pero en otras universidades sí les mezclaban y era mejor para el idioma… los primeros seis meses fueron duros, por varias razones: primera vez que vivía solo y en un país distinto donde no conocía bien el idioma, después me acostumbré y me gustaba vivir ahí, es una mezcla entre la cultura europea de occidente con la soviética y eso era interesante”, cuenta.

Todos ellos esperan que la situación mejore pronto, ya que Ucrania es especial para ellos. (I)

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