(Esta entrada del blog está inspirada en el libro «La toma de decisiones y la voluntad de Dios» de Garry Friesen. ¡Una obra muy recomendada! Vea este enlace para una vista previa).

Creo que todo el mundo ha experimentado en algún momento de su vida el tener que tomar una decisión que parece imposible de realizar. Tal vez has tenido que decidir a qué escuela asistir, si mudarte a una ciudad diferente o incluso con quién salir o casarte. Incluso puede ser que seas el tipo de persona que ni siquiera puede decidir qué desayunar. Tomar decisiones es difícil y encontrar la voluntad de Dios para ellas puede hacerlo aún más complicado.

Yo conozco este dilema. Una vez pasé dos años averiguando la voluntad de Dios para una relación que tuve en el pasado. Pasé muchas noches sin dormir pensando cuál sería la mejor decisión. Oraba para que Dios me mostrara qué decisión tomar. Tal vez Dios podría decírmelo a través de una señal, un amigo, o un sermón. Yo no quería tomar una decisión tan importante por mi misma. Necesitaba que Dios me lo dijera directamente. Sin embargo, nunca lo hizo, al menos no de forma notable, y al final la decisión la tomé sin una señal clara de Dios.

Esto nos plantea algunas preguntas. ¿Me salté la dirección de Dios?¿Podría en cierto modo haber visto la voluntad de Dios en mis circunstancias o en los consejos de mis amigos? ¿Debí esperar a que Dios me revelara su voluntad con mayor claridad? ¿Acaso esto me llevó a tomar una decisión equivocada Es posible que simplemente no supe discernir la voluntad de Dios. Tal vez nunca me lo enseñaron en mi iglesia o mis padres. Entonces: ¿Cómo nos da a conocer Dios su voluntad? ¿Tiene Él una voluntad perfecta para cada una de nuestras vidas, y si es así, cómo basamos nuestra toma de decisiones diaria en esa voluntad perfecta ¿Es posible salirse de la voluntad de Dios, incluso cuando pensamos que estamos tomando decisiones justas o buenas?

La voluntad de Dios en la Biblia

La voluntad de Dios está claramente descrita en la Biblia, a pesar de lo confusa que puede parecer en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, la Biblia también puede causar confusión, ya que hay dos significados evidentes y muy distintos para el término «voluntad de Dios». Estas son ‘la voluntad soberana’ de Dios y ‘la voluntad moral’ de Dios. Por lo tanto, es bueno hacer una distinción entre estos términos.

La voluntad soberana de Dios

Qué tienen en común todos estos versículos? Todos hablan de la voluntad de Dios que está oculta y que está destinada a cumplirse. La voluntad soberana de Dios es el plan secreto de Dios que determina todo lo que sucede en el universo (ver Daniel 4:35; Proverbios 16:33; 19:21; 21:1; Apocalipsis 4:11; Efesios 1:11; Romanos 9:19; 11:33-36; Hechos 2:23; 4:27-28; Santiago 4:14-15). Si leemos un buen libro de historia, estaremos leyendo la voluntad soberana de Dios para el pasado.

En general, la voluntad soberana de Dios es secreta. No conocemos sus planes para mañana o el día siguiente. Sin embargo, hay dos excepciones al desconocimiento de la voluntad soberana de Dios. Una de ellas es la profecía (Amós 3:7). Por ejemplo, Dios nos dijo que Jesús regresará (Mateo 24:30) y que habrá guerras hasta ese momento ( Mateo 24:6-7). La otra excepción es el plan de salvación de Dios. Sabemos que a través de la fe en Jesús, somos perdonados y pasaremos la eternidad en su reino y presencia celestial.

Se puede ver la voluntad soberana de Dios en toda la Biblia. A pesar de las malas decisiones de las personas, Dios nunca se limitó y finalmente trajo la redención a través de la muerte y resurrección de Jesús. Las malas decisiones de los humanos no obstaculizaron el plan perfecto de Dios. El pueblo de Israel fue elegido para ser una nación santa y una imagen de quién es Dios para el resto de las naciones. No obstante, el pueblo de Israel tomó muchas decisiones equivocadas. Basta con leer el Antiguo Testamento para ver esto claramente. Pero Dios permaneció fiel a una nación infiel y no permitió que sus terribles decisiones se interpusieron en el camino de su voluntad soberana.

Otro ejemplo es la vida de José. Este fue vendido como esclavo por sus propios hermanos, acosado por la mujer de su amo y además encarcelado. Pero cuando sus hermanos acudieron a él temerosos, José dijo: «En cuanto a vosotros, quisisteis hacer el mal contra mí, pero Dios lo quiso para el bien, para que se mantuviera viva mucha gente, como hoy» (Génesis 50:20). Sus hermanos, la mujer de Potifar y el copero tomaron malas decisiones, pero Dios las utilizó para el bien.

Ahora bien, como la voluntad soberana de Dios es en gran parte secreta, no suele influir en nuestras decisiones. Sin embargo, nos muestra que en última instancia no tenemos el control. Nuestras elecciones tienen un impacto y tenemos una responsabilidad por ellas, pero Dios es quien a través de nuestras buenas o malas elecciones tiene las riendas. No estamos en manos del hombre; estamos en las manos de un Dios bondadoso y comprensivo que todo lo hace por el bien de los que le aman (Romanos 8:28).

La voluntad moral de Dios

Estos versículos muestran la voluntad moral de Dios, los cuales son los mandatos revelados por Dios en la Biblia para enseñar cómo deben creer y vivir los hombres (Romanos 2:18; 1 Tesalonicenses 4:3; 5:18; 2 Corintios 6:14; además de todos los demás mandatos directos en las Escrituras). Donde Dios ha hablado en la Biblia, el creyente debe obedecer.

En contraste con la voluntad soberana de Dios, la voluntad moral de Dios está plenamente revelada en la Biblia. Ésta no es secreta, y los seres humanos a menudo no la cumplimos e incluso podemos elegir desobedecerla. La voluntad soberana de Dios se cumple independiente de nuestra voluntad o desacuerdo con ella. La voluntad moral de Dios la podemos desobedecer y por ello juega un papel más importante en nuestra toma de decisiones. Podemos elegir ser honestos o no serlo; ver a otras personas con amor o con lujuria; ser humildes u orgullosos; ser diligentes o perezosos; estar conformes o ser codiciosos, etc..

El cumplimiento de la voluntad moral de Dios es tan importante que los creyentes se distinguen de los incrédulos en función de su respuesta a los mandatos de Dios. Jesús dijo que los que cumplen la voluntad moral de Dios entrarán en el reino de los cielos, mientras que los que no lo hacen no lo harán (Mateo 7:21; 21:31). Usando términos diferentes, Jesús también dijo que aquellos que obedecen la voluntad de Dios son parte de su familia espiritual (Mateo 12:50). Ahora, por supuesto, sabemos que seguir la voluntad moral no nos justifica y sólo es posible cumplirla a través del Espíritu Santo. Pero la voluntad moral de Dios es la expresión del carácter de Dios y nosotros estamos llamados a ser portadores de su imagen.

Dios ha hecho todo lo posible para dar a conocer la voluntad moral a su pueblo. A los israelitas les dio la ley y su pacto, y cuando la incumplieron, el Señor envió a sus profetas. Al final, incluso envió a su único hijo. Por eso, parece un poco disparatado decir que no podemos encontrar la voluntad de Dios para nuestra vida.

¿Y la voluntad individual de Dios?

En este punto la cosa se complica. Por ahora hemos descubierto que la Biblia habla de una voluntad soberana y moral de Dios. La primera está oculta y siempre se cumplirá. La segunda es evidente en la Biblia, y nosotros, los humanos a menudo no la cumplimos; es más, podemos elegir desobedecerla. Sin embargo, ¿tiene Dios también una voluntad individual que hay que descubrir? Es decir, ¿tiene Dios una voluntad ideal y detallada que es única para cada persona ¿Tiene Dios una voluntad ideal y detallada para el trabajo que debes tener, la universidad a la que debes asistir, la persona con la que debes casarte, el lugar donde debes vivir etc.? Si la voluntad moral de Dios puede ilustrarse como un área encerrada en un círculo, que contiene todos los mandatos y principios que son moralmente vinculantes para un creyente, ¿puede acaso la voluntad individual de Dios ser un punto en ese círculo?[1].

Si tal voluntad existe, tomar decisiones se convierte en un proceso por demás complicado y la mayoría de los cristianos forcejean con esto cuando quieren tomar una decisión que esté en línea con la voluntad de Dios. Lo mismo me ocurrió a mí la mayor parte de mi vida. Porque si pierdo la voluntad ideal y perfecta de Dios para mi vida, tomar una decisión equivocada me llevará a vivir una vida por debajo de lo ideal y el plan B de Dios. Tal vez no habría tomado una decisión pecaminosa en absoluto, pero me habría perdido la decisión perfecta; la decisión que habría dado la mayor gloria a Dios.

La posibilidad de perder la voluntad individual de Dios puede crear mucha ansiedad e inseguridad si estás decidido a vivir una vida que glorifique a Dios. Por ejemplo, escoger el trabajo o la pareja equivocada puede cambiar tu vida. También puede hacer sentirte inseguro sobre tu propia madurez espiritual.

A menudo se dice que encontrar la voluntad individual de Dios es un hecho. Algunos pastores y líderes espirituales dicen que Dios revela Su perfecta voluntad a cada creyente; que sólo tienes que prestar mucha atención; que Él se preocupa por los detalles de tu vida, y que quiere hablarte a través de la pequeña voz interior del Espíritu. También que Dios puede revelar su voluntad a través de tus circunstancias. Es posible escuchar historias de personas que encuentran la voluntad individual de Dios y ven la bendición de Dios en su vida. ¡Ojalá fuera así de sencillo! Sin embargo, a menudo no lo es. Con la mayoría de las decisiones, existe la incertidumbre de no saber realmente si es la voluntad de Dios.

Ya sea que creas o no en la voluntad individual de Dios, el hecho es que la mayoría de nosotros elegimos ignorar esta voluntad de Dios cuando buscarla se vuelve inconveniente. Un adulto toma cada día unas 35,000 decisiones remotamente conscientes (Sahakian y Labuzetta, 2013). Esta cifra puede parecer absurda, pero de hecho, tomamos 226.7 decisiones cada día solo con la comida (Wansink y Sobal, 2007). Así, conocer la voluntad de Dios es importante en las decisiones importantes de la vida, pero se vuelve insignificante en las decisiones ordinarias.

Las decisiones sobre qué ropa ponerse, cómo ir al trabajo y qué comer se toman en base al buen juicio sin largas reflexiones. Esta división entre decisiones importantes y ordinarias es práctica, pero no tiene sentido si se cree en un plan de vida ideal y detallado que Dios quiere dar a conocer a cada creyente. Si se nos dice que debemos encontrar la voluntad perfecta de Dios para cada decisión, ¿por qué decidimos ignorarla cuando la decisión es pequeña y aparentemente insignificante? Así que la pregunta es. ¿Existe la voluntad individual de Dios?

¿Existe la voluntad individual de Dios?

Una canción holandesa que ha sido muy importante para mí en los últimos meses se llama «Wat de toekomst brenge moge» (lo que el futuro pueda traer). La canción habla de confiar en Dios, aunque no entiendas sus caminos. Una línea dice: «Trátame como a un niño que no puede encontrar el camino solo: toma mi mano en tus manos y guíame como a un niño». Esta frase ilustra el deseo del escritor de confiar ciegamente en Dios como un niño pequeño confía en sus padres; lo cual es una bella imagen. Pero, ¿acaso estamos ciegos? ¿Acaso somos niños que a cada paso tienen que escuchar la voz de su Padre?

Dios quiere ser nuestro Padre. ¿Cómo guía un padre a su hijo? ¿Cómo se enseña a un hijo a vivir una vida buena y exitosa Un padre le da a un niño reglas y le enseña valores. Además, le enseña creencias importantes. Así, cuando el niño crece, empieza a entender la voluntad de su padre. No sólo porque su padre se lo haya dicho, sino también porque ha pasado tiempo en compañía de su padre. El niño sabe instintivamente lo que le dirá su padre. Entonces, el niño crece y es independiente para tomar sus propias decisiones. Él no corre a su padre cada vez que tiene que tomar una decisión. Así, Dios quiere guiarnos, y enseñarnos su voluntad como un padre educa a su hijo. Pero también desea vernos crecer. Él quiere que nos familiaricemos con sus enseñanzas para que seamos capaces de tomar decisiones por nosotros mismos. De este modo, se nos da libertad y responsabilidad[1].

Esta libertad y responsabilidad personal (dentro de los límites revelados) forma parte de su intención desde el origen. Así lo declara explícitamente el primer mandamiento de la Biblia. «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él morirás». (Génesis 2:16-17) Adán y Eva podían comer de todos los árboles del jardín. Se les dio libertad. Pero esta libertad tenía límites. Ellos no podían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por eso, Dios siguió dando libertad a su pueblo dentro de unos límites revelados. Estos límites nunca fueron vagos o difíciles de descubrir.

Dios siempre habló alto y claro. Al pueblo de Israel se le dio la ley. Estas leyes eran extensas y muy claras. Ellas mostraban el carácter de Dios al pueblo y dentro de estas leyes había libertad. Por ejemplo, a los israelitas se les dieron leyes específicas con respecto al matrimonio. Se suponía que debían casarse con alguien de su propio pueblo (Éxodo 34:16; Deuteronomio 7:3-4), y si las mujeres poseían alguna tierra, debían casarse con alguien de su propia tribu como dice Dios a través de Moisés: «Que se casen con quien mejor les parezca, sólo que se casarán dentro del clan de la tribu de su padre». Ellas podían casarse con quien mejor les pareciera. Es decir, eran libres. Dios no iba a dar a cada uno de ellos una palabra divina sobre su futuro cónyuge.

Así, Pablo escribió a los corintios:»La mujer está ligada a su marido mientras éste viva. Pero si su marido muere, es libre de casarse con quien quiera, sólo en el Señor» (1 Corintios 7:39). Pablo escribió el mandato para que los cristianos se casaran con otro creyente, pero aparte de esto, el creyente podía casarse con quien quisiera.

De esta manera, Dios continuó guiando a su pueblo a través de reglas claras en el Nuevo Testamento. Mientras no había leyes ni revelación divina, había un área de libertad y responsabilidad en la que los apóstoles y los miembros de la iglesia debían hacer sus decisiones. Esta área de libertad y responsabilidad se amplió inclusive con el nuevo pacto. Las regulaciones para la vida nacional de Israel fueron dejadas de lado (Hebreos 7:18; 10:9; Romanos 6:14; 7:6).

De este modo, en Cristo existe una libertad para elegir entre un menú más amplio que el que permitía la ley mosaica. Asimismo, Pablo sigue insistiendo en la libertad del creyente en una serie de cuestiones. Si existiera una voluntad individual de Dios para cada creyente, podríamos esperar que Pablo escribiera sobre cómo conseguirla. En lugar de ello, Pablo revela la voluntad moral de Dios y concede libertad con respecto a la circuncisión (1 Corintios 7:19), a comer alimentos ofrecidos a los ídolos (1 Corintios 10:27), las ofrendas (2 Corintios 9:7) y el matrimonio (1 Corintios 7:39).

La forma en que los apóstoles tomaron sus propias decisiones es especialmente llamativa. Ni una sola vez hay constancia de que buscarán descubrir la voluntad individual de Dios en sus decisiones. Las explicaciones de sus planes están redactadas con frases como: «Pensamos que era lo mejor» (1 Tesalonicenses 3:1 NVI), «He pensado que es necesario» (Filipenses 2:25), «Si parece aconsejable» (1 Corintios 16:4), «No es correcto/deseable» (Hechos 6:2), «Me pareció bien» (Hechos 15:22; 25; 28) y simplemente, «He decidido» (Tito 3:12). Claramente, estos hombres estaban ejerciendo su libertad de elección (así como su responsabilidad de tomar una decisión sabia) dentro de la voluntad moral de Dios.

Dicho esto, a veces Dios proporciona una dirección especial a las personas. La Biblia está llena de ejemplos. El pueblo de Israel fue guiado a través del desierto por una columna de nube (Números 9:15-23), los profetas recibieron una revelación especial (Ezequiel, Moisés), la gente recibió sueños y visiones (Génesis 37:5-11; Hechos 10:9-16), y escucharon voces angelicales (Hechos 5:20). Sin embargo, hasta que el ángel se le apareció a Felipe diciéndole que fuera al camino que baja de Jerusalén a Gaza (Hechos 8:26-31), él era libre de predicar el evangelio dondequiera que hubiera oportunidad. La guía de Dios a través de sus escrituras y su sabiduría es normalmente suficiente. Si se necesita más, Dios tomará la iniciativa y dará una guía milagrosa adicional.

Entonces: ¿Tiene Dios una voluntad individual para cada creyente que tiene que ser descubierta La respuesta es simplemente, no. ¿Sabe Dios lo que es mejor para ti? Sí, por supuesto. ¿Tiene Dios un plan? ¿Tiene Él el control? Por supuesto. ¿Nos guía Dios? Sí, lo hace. Sin embargo, Dios no tiene una voluntad absoluta para nuestra vida que tengamos que descubrir. Él no quiere que nos pongamos a averiguar cuál es su voluntad en cuanto a la universidad a la que tenemos que asistir, qué ropa usar o en dónde vivir.

Esto puede hacerte sentir extremadamente incómodo. Incluso puede hacerte sentir algo perdido. Es reconfortante saber que podemos confiar en Dios para que nos muestre la decisión correcta que debemos tomar. Especialmente cuando se trata de una decisión difícil. Sin embargo, como descubriremos en la siguiente sección, se nos ha dado todo lo que necesitamos para tomar una buena decisión. «Su poder divino nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó a su propia gloria y excelencia» (2 Pedro 1:3).

¿Cómo tomar una buena decisión?

En el libro «La toma de decisiones y la voluntad de Dios» el autor, Garry Friesen, resume la buena toma de decisiones en cuatro puntos:

  1. Donde Dios ordena, debemos obedecer.
  2. Donde no hay mandamiento, Dios nos da libertad (y responsabilidad) para elegir.
  3. Donde no hay mandamiento, Dios nos da sabiduría para elegir.
  4. Cuando hayamos elegido lo que es ético y prudente, debemos confiar en que el Dios soberano hará que todos los detalles influyan en el bien.

Ya escribí sobre los dos primeros puntos. Dios revela su voluntad moral en la Biblia, y donde no hay mandatos, se nos da la libertad de elegir. Esta libertad puede ser desalentadora, pero Dios no nos deja en ese estado.

Si le preguntas a un experto en la Biblia qué debes leer cuando quieres saber cómo vivir correctamente, probablemente te señalaría los libros de sabiduría de la Biblia: Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares y Job. La literatura sobre sabiduría es apasionante porque trata de forma directa los temas que atañen la vida. Por ejemplo, no hay nada más práctico que el libro de los Proverbios.

Todos estos libros abordan el concepto de la sabiduría. La cual es un tema importante en la Biblia, que no sólo se encuentra en la literatura «filosófica» sino en todos los libros de la Biblia. Toda la Biblia es literatura de reflexión que a medida que te sumerges en ella, te da sabiduría y conocimiento. Pero ¿qué es la sabiduría En nuestra comprensión moderna (y occidental), con frecuencia se refiere al conocimiento intelectual. Si alguien es sabio, probablemente sea inteligente y cuente con una gran experiencia de vida. Pero en la Biblia la palabra tiene un significado diferente. En el libro de los Proverbios, la sabiduría se describe como el temor del Señor. Ésta es una reverencia amorosa hacia Dios que incluye la obediencia a su señorío y al mandato de su palabra (Eclesiastés 12:13). De una manera más directa, la sabiduría consiste en confiar en que Dios sabe más que todos, lo que lleva a vivir la vida de acuerdo con sus mandatos.

Para obtener la verdadera sabiduría, debemos dejar de confiar en nosotros mismos y en nuestra propia apreciación de lo que es «bueno» y confiar más bien en la sabiduría de Dios y en sus mandamientos. Ahora bien, esto no es algo que tengamos que hacer con nuestras propias fuerzas, ya que Santiago dice: «Si a alguno de vosotros le falta sabiduría, que se la pida a Dios, que da generosamente a todos sin reproche, y le será dada» (Santiago 1:5). En realidad, Dios nos dará sabiduría para que seamos capaces de vivir la buena vida que se describe en el libro de los Proverbios. Pero, ¿cómo se logra esto? Gracias a su Espíritu

El Espíritu Santo

En el Antiguo Testamento, Dios siempre dio una guía clara a través de sus mandamientos, profetas y revelación sobrenatural. Luego vino Jesús y nos mostró quién es Dios; su carácter, su sabiduría y su voluntad. Jesús es el que nos ha revelado a Dios. Pero cuando Jesús dejó la tierra no nos dejó desamparados. Por eso recibimos el Consolador, el Espíritu Santo.

Cuando Jesús partió, no nos dejó como huérfanos sin alguien que nos encaminará. Por el contrario, el Padre envió a su Espíritu Santo para que nos condujera siempre a Jesús, llamándonos a las palabras que Dios ha pronunciado a través de su Hijo. El Espíritu es el aliento vital de Dios; su presencia en nosotros. Al igual que en Génesis 1, el Espíritu es la presencia de Dios que crea orden, belleza y vida en lugares que antes eran oscuros, desordenados e inhabitables.

Entonces, ¿cómo nos ayuda el Espíritu en nuestra toma de decisiones? ¿Nos dice la decisión correcta que debemos tomar hablándonos a través de una pequeña voz interior? No, el Espíritu escribe la ley moral de Dios en nuestros corazones para que podamos ser libres en Cristo. A través del Espíritu, somos capaces de desear la voluntad moral de Dios. Pablo lo dice así en Romanos 8:5-10:

«Porque los que viven según la carne ponen su mente en las cosas de la carne, pero los que viven según el Espíritu ponen su mente en las cosas del Espíritu. Porque poner la mente en la carne es muerte, pero poner la mente en el Espíritu es vida y paz. Porque la mente que está puesta en la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; es más, no puede. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en ustedes. Quien no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece. Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto por el pecado, el Espíritu es vida por la justicia«.

Por medio del Espíritu, somos transformados a la imagen de Jesús (Romanos 8:29). Somos una nueva creación (2 Corintios 5:17; Gálatas 6:15). Una creación que estaba muerta pero que ahora está viva. Al igual que en Génesis 1, cuando Dios creó el orden, la belleza y la vida en un entorno oscuro, caótico e inhabitable. Dios quiere transformarte para que Su vida, belleza y orden también reinen en ti.

Ahora bien, ¿es fácil hacer las cosas del Espíritu, las cosas de Dios? Lamentablemente, esto no es así. En el capítulo 7 de Romanos, Pablo muestra la lucha por la que pasan todos los creyentes, y es que al igual que Pablo, «no hago el bien que quiero, sino que el mal que no quiero es lo que sigo haciendo» (Romanos 7:19). Además, así como él :»Tengo el deseo de hacer lo correcto, pero no la capacidad de llevarlo a cabo» (Romanos 7:18b). Creo que todos debemos admitir esta situación. Todos tenemos una batalla que librar con cada decisión que tomamos.

Sin embargo, debemos confiar en que el Espíritu Santo hará su obra en nosotros. Debemos confiar en el hecho de que a través del Espíritu Santo podemos distinguir claramente la voluntad de Dios. A través de poner nuestra mente en el Espíritu (nuestros pensamientos, sentimientos y deseos) somos renovados para ser capaces de ver lo que es bueno, aceptable y perfecto. «No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que por medio de la prueba podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, aceptable y perfecto». (Romanos 12:2).

Entonces, ¿Dónde nos deja esto?

Por desgracia, las decisiones importantes seguirán siendo difíciles. Al igual que Pablo, lucharemos por tomar las decisiones correctas. Nosotros hacemos lo que no deseamos hacer. Aunque queremos hacer lo que es correcto, en lugar de ello nos encontramos haciendo lo que es pecaminoso. Aunque la voluntad moral de Dios nos ha sido revelada en su plenitud, la Biblia puede seguir siendo difícil de entender.Sin embargo, tomar la decisión correcta es mucho menos complicado de lo que pensamos. No tenemos que esperar a que Dios nos revele mágicamente la decisión correcta. No tenemos que tener miedo de tomar la decisiones equivocadas. Esto es importante. A través de la fe, somos hechos justos. Nuestras decisiones moralmente equivocadas son «lavadas». Tomar una decisión equivocada no arruinara el plan de Dios para nosotros. Simplemente no somos tan poderosos y no tenemos el control. Sería arrogante pensar que lo tenemos (Santiago 4:14-15).

Esto nos deja con la libertad y la responsabilidad de tomar decisiones correctas, como un niño que conoce la voluntad de su Padre. Para poder hacer esto, tenemos que sumergirnos en Su Palabra, aprender la sabiduría, la definición del bien y el mal, y confiar en que el Espíritu Santo hará su obra en nosotros y en las personas que nos rodean. Debemos pedir consejos a las personas sabias de nuestra vida (Proverbios 12:15; 19:20-21; 1 Reyes 12:1-20), y en última instancia todo se reduce a esto:

«Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen. Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley» (Gálatas 5:16-23).

Fuentes

[1]Ambas imágenes han sido adaptadas del libro de Garry Friesen La toma de decisiones y la voluntad de Dios.

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