El arquitecto japonés Shigeru Ban, galardonado hoy con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, ha dedicado gran parte de su trayectoria a diseñar estructuras con materiales como el cartón para dar cobijo a víctimas de desastres y conflictos.

Maestro del minimalismo en la forma y en el uso de materiales, defensor del reciclaje y renegado de la arquitectura tradicional japonesa, Ban fundó en 1995 una ONG llamada VAN (siglas en inglés de «Red de Arquitectos Voluntarios»), con la que ha construido alojamientos y otras instalaciones temporales en diversos países.

Arquitectura solidaria y de papel

Los primeros trabajos con su característica «arquitectura del papel» ofrecieron cobijo para los desplazados por el conflicto en Ruanda ese mismo año y para los afectados por el devastador terremoto de Kobe, también en 1995, y que dejó más de 6.000 muertos en esa ciudad del oeste de Japón.

Turquía en 1999, la India en 2001, Sumatra (Indonesia) en 2004, Sichuan (China) en 2008, L’Aquila (Italia) en 2009, Fukushima (Japón) en 2011 o Nepal en 2015 fueron otros lugares en los que Ban levantó estructuras tan sólidas como baratas y fáciles de instalar, en muchos casos además colaborando personalmente sobre el terreno.

Su arquitectura solidaria ha empleado diversos materiales desechados o desechables, desde contenedores de barco hasta trozos de muro destruidos por los seísmos, pasando por el bambú y la madera, aunque los cilindros de cartón hechos a base de papel tratado son quizás los más reconocibles de sus diseños.

Con tubos de este tipo ha creado sistemas de particiones que acompañados de cortinas permiten crear habitáculos separados en grandes espacios cubiertos como gimnasios o estaciones de tren, ofreciendo intimidad a quienes se refugian en estas instalaciones masificadas durante emergencias como desastres naturales o guerras.

Tras emplearse en varios puntos de Japón castigados por los habituales terremotos en este país, sus más recientes «Sistemas de partición de papel» (PPS) han sido instalados en París, Breslavia (Polonia) y varias ciudades de Ucrania, para albergar a los desplazados por la invasión rusa de ese país.

”Outsider” dentro y fuera de Japón

“Siempre quieren ver mis proyectos como japoneses, pero no tengo un estilo japonés. De hecho, odio usar el estilo tradicional japonés conscientemente y, como se puede ver, no tengo ninguna influencia japonesa”, aseguró Ban (Tokio, 1957), durante una rueda de prensa en 2014 tras ganar el Premio Pritzker.

El prestigioso galardón internacional ya reconoció entonces sus proyectos «elegantes e innovadores para clientes privados» y también su uso «del mismo diseño inventivo y habilidoso para sus amplios esfuerzos humanitarios».

Aunque afuera de Japón se le encuadra en la estética nipona por su uso de la madera y el papel y la limpieza de sus formas, Ban no se identifica con ninguna escuela arquitectónicas de su país natal, y a diferencia de otros laureados arquitectos japoneses contemporáneos, estudió y trabajó fuera de su tierra desde sus inicios.

Ban se licenció en arquitectura en Nueva York y siempre ha tratado de compaginar la experimentación con materiales reutilizables con encargos de clientes particulares e instituciones, con el objetivo de contribuir a mejorar la sociedad en lugar de “enseñar el poder y el dinero de la gente privilegiada a través de sus construcciones”, según dijo en una entrevista a Efe en 2010.

“Eso no era lo que yo realmente quería hacer, así que tuve que buscar mi propio equilibrio”, dijo Ban, cuya trayectoria ha sido reconocida con otros galardones como la Gran Medalla de la Academia de Arquitectura de Francia.

Entre sus obras por encargo más conocidas se encuentran el Centro Pompidou de Metz (Francia), la “Curtain Wall House” o el centro Nicolas G. Hayek, ambos en Tokio, la Catedral de Cartón en Nueva Zelanda o el pabellón de Japón en la Expo 2000 de Hamburgo (Alemania); todas ellas construcciones sostenibles y respetuosas con el medioambiente.

En otra entrevista a Efe concedida en 2019, Ban afirmó que la normativa actual impide que se pueda construir más vivienda social con materiales baratos y nuevas técnicas, y sin dejar de lado la seguridad.

Ban, a quien no le importa que se le defina como «el arquitecto de los pobres», destacó que materiales como el cartón permiten crear una arquitectura «bonita y barata», además de útil para la sociedad.

“La elegancia de la arquitectura es independiente de los materiales, como cuando se usan elementos reciclados”, dijo Ban, quien añadió que “cuando se diseña con el corazón es cuando se consigue lo más bello”. (I)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.