Vladimir Putin es una figura solitaria que ha llevado al Ejército de Rusia a una guerra de alto riesgo que amenaza con destrozar la economía de su país.

Rara vez se ha visto más aislado que en dos recientes y coreografiadas apariciones con su círculo íntimo, donde se sienta a una distancia decidida de sus asesores más cercanos.

Como comandante en jefe, la responsabilidad final de la invasión recae en él, pero siempre ha contado con un séquito profundamente leal, formado por muchos que también comenzaron sus carreras en los servicios de seguridad de Rusia.

La pregunta es a quién escucha Putin en este momento trascendental de su presidencia.

Si hay una persona a quien Putin presta atención es su confidente Sergei Shoigu, quien ha pregonado la línea de Putin de desmilitarizar a Ucrania y proteger a Rusia de la llamada “amenaza militar de Occidente”.

Este hombre hace viajes de caza y pesca con el presidente Putin a Siberia, y en el pasado ha sido visto como un posible sucesor.

Pero si observas esta extraordinaria imagen de él al final de esta mesa, sentado torpemente al lado del jefe de las Fuerzas Armadas, te preguntarás si lo que dice llega efectivamente hasta los oídos de Putin.

REUTERS/KREMLIN El presidente ruso a a menudo se muestra como una figura aislada. Esta imagen es del 27 de febrero de 2022.

REUTERS/KREMLIN El presidente ruso a a menudo se muestra como una figura aislada. Esta imagen es del 27 de febrero de 2022.

Esta fotografía fue tomada tres días después de una campaña militar que luchaba contra la inesperada resistencia ucraniana y la baja moral militar.

Se suponía que Shoigu se marcharía a Kiev; es ministro de Defensa y se suponía que iba a triunfar”, le explica a la BBC Vera Mironova, especialista en conflictos armados.

Se le atribuyó la toma militar de Crimea en 2014.

También estuvo a cargo de la agencia de inteligencia militar GRU, fue acusado de dos envenenamientos con agentes nerviosos: el ataque mortal de 2018 en Salisbury en Reino Unido y el ataque casi fatal contra el líder opositor Alexei Navalny en Siberia en 2020.

La instantánea del encuentro de Shoigu con Putin todavía luce peor si acercamos el plano. “Pareciera como si alguien acabara de morir, como si estuvieran en un funeral”, dice Mironova.

EPA/KREMLIN POOL Valery Gerasimov (izda) y el ministro de Defensa Sergei Shoigu han jugado un papel clave en las decisiones estratégicas del presidente Putin.

EPA/KREMLIN POOL Valery Gerasimov (izda) y el ministro de Defensa Sergei Shoigu han jugado un papel clave en las decisiones estratégicas del presidente Putin.

Puede parecer raro, pero el experto en seguridad y escritor ruso Andrei Soldatov cree que el ministro de Defensa sigue siendo, de aquellos a los que escucha el presidente, la voz más influyente.

“Shoigu no solo está a cargo del Ejército, también está parcialmente a cargo de la ideología; en Rusia, la ideología trata principalmente de historia, y él tiene el control de la narrativa”.

Como jefe del Estado Mayor, era su trabajo invadir Ucrania y completar la misión rápidamente, y según ese estándar, se le ha encontrado deficiente.

Valery Gerasimov ha desempeñado un papel importante en las campañas militares de Vladimir Putin desde que comandó un ejército en laguerra de Chechenia de 1999, y también estuvo al frente de la planificación militar para Ucrania, supervisando ejercicios militares en Bielorrusia el mes pasado.

Descrito como un “matón duro y serio” por el especialista en Rusia Mark Galeotti, el general Gerasimov también desempeñó un papel clave en la campaña militar para anexionar Crimea.

Algunos informes sugieren que ahora ha sido dejado de lado debido al comienzo titubeante de la invasión de Ucrania y los informes de baja moral entre las tropas.

Pero Andrei Soldatov cree que eso es una ilusión de algunos sectores: “Putin no puede controlar cada camino y cada batallón, y ese es su papel”.

Y aunque al ministro de Defensa le encanten sus uniformes, no tiene entrenamiento militar y necesita confiar en los profesionales, agrega el especialista.

“Patrushev es el halcón más agresivo, y piensa que Occidente ha estado tratando de atrapar a Rusia durante años”, dice Ben Noble, profesor asociado de política rusa en el University College de Londes.

Es uno de los tres más leales a Putin que han servido con él desde la década de 1970 en San Petersburgo, cuando la segunda ciudad de Rusia todavía se conocía como Leningrado.

Los otros dos incondicionales son el jefe del servicio de seguridad, Alexander Bortnikov, y el jefe de inteligencia extranjera, Sergei Naryshkin.

Todo el círculo íntimo del presidente se conoce como siloviki, o “los ejecutores”, pero estos tres hombres son aún más cercanos.

Pocos tienen tanta influencia sobre el presidente como Nikolai Patrushev.

No solo trabajó con él en la antigua KGB, el servicio de inteligencia ruso, durante la era comunista, sino que lo reemplazó como jefe de su organización sucesora, el FSB, entre 1999 y 2008.

Fue durante una extraña reunión del Consejo de Seguridad de Rusia, tres días antes de la invasión, cuando Patrushev planteó su punto de vista de que el “objetivo concreto” de Estados Unidos era la desintegración de Rusia.

La sesión fue una extraordinaria escena de teatro que mostraba al presidente sentado detrás de un escritorio mientras su equipo de seguridad se acercaba a un atril y expresaba su opinión sobre el reconocimiento de la independencia de los rebeldes respaldados por Rusia en Ucrania.

Nikolai Patrushev pasó la prueba. “Él es quien da el grito de guerra principalmente, y da la sensación de que Putin se ha movido hacia su posición más extrema”, dice Ben Noble.

Los expertos en el Kremlin dicen que el presidente confía en la información que recibe de los servicios de seguridad más que en cualquier otra fuente, y Alexander Bortnikov es visto como parte del santuario interior de Putin.

Alexander Bortnikov, otro veterano de la KGB de Leningrado, asumió el liderazgo del FSB, reemplazando a Nikolai Patrushev.

Se sabe que ambos hombres son cercanos al presidente, pero como señala Ben Noble: “Tampoco podemos decir con total confianza quién manda y quién toma las decisiones”.

El FSB tiene una influencia considerable sobre otros servicios policiales e incluso tiene sus propias fuerzas especiales.

Bortnikov es importante, pero no está allí para desafiar al líder ruso o dar consejos como hacen otros, cree Andrei Soldatov.

Completando el trío de viejos espías de Leningrado, Sergei Naryshkin ha permanecido junto al presidente durante gran parte de su carrera.

Entonces ¿cómo debemos enfocar la notable reprimenda a la que fue sometido cuando se salió de la línea argumentativa de Putin durante la reunión del Consejo de Seguridad?

Cuando se le preguntó por su evaluación de la situación, el jefe de inteligencia se puso nervioso y alteró sus palabras, solo para que el presidente le dijera: “Eso no es lo que estamos discutiendo”.

La larga sesión fue editada, por lo que el Kremlin decidió deliberadamente mostrar ese momento tenso frente a una enorme audiencia televisiva.

“Fue impactante. Fue muy frío y sereno, y la gente se habrá preguntado: ‘¿qué está pasando aquí?’”, le dijo Ben Noble a la BBC.

Mark Galeotti dice que quedó impactado por la atmósfera tóxica de toda la situación.

Pero Andrei Soldatov cree que Putin estaba simplemente disfrutando del momento: “A Putin le encanta jugar con su círculo íntimo y hacerle quedar (a Naryshkin) como un tonto”.

Sergei Naryshkin ha seguido durante mucho tiempo a Putin, en San Petersburgo en la década de 1990, luego en la oficina de Putin en 2004 y finalmente se convirtió en presidente del Parlamento.

Pero también dirige la Sociedad Histórica Rusa y, en opinión de Soldatov, ha demostrado ser muy importante al proporcionar al presidente fundamentos ideológicos para sus acciones.

El año pasado, concedió una entrevista al corresponsal de la BBC en Moscú, Steve Rosenberg, en la que negó que Rusia hubiera llevado a cabo envenenamientos y ciberataques o interferido en las elecciones de otros países.

Durante 18 años, ha sido el diplomático de mayor rango de Rusia, presentando el caso de Rusia al mundo incluso aunque no se considere que él tenga un papel importante en la toma de decisiones.

Sergei Lavrov, de 71 años, es una prueba más de que Vladimir Putin se basa en gran medida en figuras de su pasado.

Es un operador astuto: el mes pasado intentó ridiculizar a la canciller británica Liz Truss por su conocimiento de la geografía rusa y el año anterior trató de humillar al jefe de política exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell.

Pero durante mucho tiempo ha estado al margen de todo lo relacionado con Ucrania y, a pesar de su reputación brusca y hostil, abogó por más conversaciones diplomáticas sobre Ucrania, y el presidente ruso decidió ignorarlo.

Es poco probable que le haya importado que la mayoría del Consejo de Derechos Humanos de la ONU se retirara mientras intentaba defender la invasión de Rusia a través de una videollamada.

Un rostro femenino raro en el séquito de Putin, supervisó la votación de la Cámara Alta para aprobar el despliegue de las fuerzas rusas en el extranjero, allanando el camino para la invasión.

Valentina Matviyenko es otra seguidora de Putin desde San Petersburgo que también ayudó a llevar a cabo la anexión de Crimea en 2014.

Pero no es considerada una de las principales responsables de la toma de decisiones. Dicho esto, pocas personas pueden decir con total certeza quién manda y toma las decisiones importantes.

Al igual que cualquier otro miembro del Consejo de Seguridad de Rusia, su función es dar la impresión de que existe una discusión colectiva cuando es más probable que el líder ruso ya haya tomado una decisión.

Exguardaespaldas del presidente, ahora dirige la Guardia Nacional de Rusia, Rosgvardia, formada por el presidente Putin hace solo seis años como una suerte de ejército personal al estilo de una guardia pretoriana similar al Imperio romano.

Al elegir su propio guardia de seguridad personal para dirigirlo, se aseguró de su lealtad, y Viktor Zolotov ha aumentado su número a 400.000.

Vera Mironova cree que el plan ruso original era completar la invasión en cuestión de días, y cuando el ejército parecía estar fallando, la Guardia Nacional de Rusia tomó la iniciativa.

El problema es que el líder de la Guardia Nacional no tiene entrenamiento militar, y como su fuerza no tiene tanques, también han sido vulnerables a los ataques.

¿A quién más escucha Putin?

El primer ministro Mikhail Mishustin tiene la poco envidiable tarea de rescatar la economía, pero tiene poco que decir sobre la guerra.

El alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, y el jefe del gigante petrolero estatal de Rosneft, Igor Sechin, también son cercanos al presidente, según el analista político Yevgeny Minchenko.

Los hermanos multimillonarios Boris y Arkady Rotenberg, que fueron amigos de la infancia del presidente, también han sido confidentes cercanos durante mucho tiempo. En 2020, la revista Forbes los nombró “la familia más rica de Rusia”.

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