La invasión rusa de Ucrania ha puesto a Israel en una difícil situación geopolítica.

Por un lado, el gobierno del primer ministro israelí Naftalí Bennett tiene la tarea de mantener intacta la relación histórica con su aliado más importante a nivel global: EE.UU.

Por otro, más exactamente en su frontera nororiental, en Siria, Israel lleva varios años teniendo que mantener un delicado balance con Rusia, debido a la inmensa influencia que Moscú ejerce sobre el gobierno del presidente sirio Bashar Al-Asad y el desarrollo del conflicto interno en ese país.

Además, tiene que considerar las cercanas relaciones que mantiene con Ucrania, un país donde, según cifras de 2016 del Instituto de Investigación para Políticas Judías (JPR), viven unas 200.000 personas que podrían aplicar a una nacionalidad israelí por sus lazos judíos.

Y ya dentro de Israel, existe un gran número de personas de ascendencia tanto rusa como ucraniana.

La suma de estos factores hace que las declaraciones públicas de funcionarios israelíes frente a la invasión estén siendo consideradas por algunos analistas como “tímidas” y que esté recibiendo críticas desde todos los frentes.

El ‘mayor receptor’ de ayuda estadounidense

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Para Israel, una de las principales prioridades es mantener su estatus de “aliado clave” de EE.UU. en Medio Oriente, debido a la volátil situación que ha vivido durante décadas con sus vecinos de la región.

Ha sido a raíz de ese estado constante de “amenaza existencial” en el que Israel ha vivido desde su creación en 1948 que Washington ha implementado una gran variedad de planes de apoyo financiero que continúan hasta el día de hoy.

De hecho, según un reporte del servicio de investigación del congreso de EE.UU., Israel es el “mayor receptor de asistencia extranjera estadounidense acumulada desde la Segunda Guerra Mundial”, habiendo recibido hasta la fecha “US$150.000 millones en asistencia bilateral y fondos para misiles de defensa”.

En un acuerdo de entendimiento por 10 años firmado por las dos naciones en 2016, EE.UU. se comprometió a entregar a Israel US$38.000 millones en ayuda militar en el periodo entre 2019 y 2028.

Solo en 2022, el gobierno de Biden solicitó al Congreso entregar US$3.300 millones en ayuda extranjera a Israel y US$500 millones destinados a misiles de defensa.

El ‘vecino del norte’

Desde que comenzó el conflicto interno en Siria en 2011, parte de esos fondos que Israel recibe de EE.UU. se han destinado a mantener al margen las amenazas que pueden llegar a través de su frontera nororiental.

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Y es en esta zona donde Israel ha tenido que convivir con la presencia militar rusa.

“A veces [en Israel] no hablan de Rusia, sino del ‘vecino del norte’ y, por supuesto, el norte no es pacífico. Israel ha operado fuertemente en Siria en los últimos años en contra de Irán y de milicias apoyadas por Irán, incluyendo a Hezbolá”, le cuenta a BBC Mundo el director del centro para políticas del Medio Oriente del Brookings Institution, Natan Sachs.

A pesar de no tener una cooperación directa, Rusia permite a Israel ejecutar operaciones militares específicas dentro de Siria para contrarrestar la amenaza de Hezbolá, y alterar este balance a raíz de un conflicto lejos de casa podría dejar a Israel en una situación “sin precedentes”, según explica Sachs.

“En términos de las operaciones en Siria, [un rompimiento entre Rusia e Israel] podría complicar dramáticamente la capacidad de Israel de ejercer operaciones allí, lo cual traduciría en mayores dificultades a la hora de limitar la campaña de Irán y Hezbolá para establecerse cerca a la frontera de Israel con los Altos del Golán”, cuenta el experto.

“Si [Hezbolá] lo lograra, pondría a Israel en una posición muy distinta a la que estuvo en el pasado. Israel es muy pequeño, por supuesto, y esto significaría que prácticamente cualquier punto en territorio israelí se podría convertir en un objetivo”.

La presencia judía en Ucrania

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El ejercicio de balance para Israel se complica si se tienen en cuenta los nexos familiares que unen a miles de israelíes con Ucrania y el resto de países que solían pertenecer a la Unión Soviética.

“Israel tiene lazos culturales y humanos con la mayoría de los países de la ex Unión Soviética, dado que muchos israelíes nacieron en Rusia, y muchos nacieron en Ucrania también”, cuenta Sachs.

Un claro ejemplo de los nexos familiares que aún existen entre Ucrania e Israel han sido las multitudinarias protestas que se han registrado en las calles de Tel Aviv, exigiendo al gobierno de Bennett una respuesta más contundente a la actual crisis.

“Uno de los objetivos en los que hemos puesto nuestra atención y esfuerzos es cambiar la posición del gobierno israelí para que deje de ser neutral y empiece a hablar”, le cuenta a BBC Mundo Anna Zharova, miembro fundadora de la organización “Amigos israelíes de Ucrania”.

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“Yo soy israelí y mis hijos nacieron acá, y puede que no entienda las consecuencias que tendría un conflicto directo con Rusia (…) pero aún así, no puedo seguir viendo lo que veo y por eso empezamos las protestas y las manifestaciones en todo el país”, señala Zharova.

Otro factor a tener en cuenta son los cientos de miles de votantes israelíes de origen ruso.

Según señala el diario The New York Times, aproximadamente 1,2 millones de hablantes de ruso -un 12% del electorado- han llegado a Israel desde la antigua Unión Soviética en las últimas tres décadas, un tercio de ellos desde Rusia y casi la misma cantidad desde Ucrania, según datos del gobierno.

Por el momento, Israel se ha inclinado por priorizar sus alianzas con Occidente y ha criticado la invasión rusa a Ucrania, aunque no lo ha hecho de manera tan frontal como otras naciones.

En la sesión extraordinaria de la Asamblea General de Naciones Unidas que se celebró este miércoles, Israel votó a favor de una resolución no vinculante condenando a Rusia por la invasión. Días antes se abstuvo en la votación que tuvo lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Habrá que ver cómo mantiene Israel este difícil equilibrio entre Occidente y Rusia si el conflicto en Ucrania se recrudece en los próximos días y semanas.

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