Los residentes de la ciudad portuaria de Mariúpol le han dicho a la BBC que están intentando sobrevivir a un inclemente bombardeo de misiles rusos que ha destruido distritos residenciales y ha cortado los suministros eléctricos y de agua.

“Durante dos días completos no ha habido luz, calefacción o agua, y ya casi no tenemos comida”, dice Maxim, un desarrollador de sistemas de 27 años que se estaba refugiando en el apartamento de sus abuelos durante la mañana del jueves.

“La comida y las medicinas no están llegando a Mariúpol actualmente. El gobierno local intentó entregar agua y pan, pero se acabó”, dijo. “Llené la bañera con agua antes de que la cortaran. Nos quedan como cinco litros”.

Maxim dejó su apartamento luego de que la invasión rusa comenzó la semana pasada para estar con sus abuelos, quienes tienen más de 80 años y no pueden dejar su apartamento situado en el sexto piso de un edificio en el centro de la ciudad. Los tres se están refugiando de los bombardeos con sus mascotas en el corredor del apartamento, sin calefacción en la mitad del invierno.

“Los bombardeos empezaron nuevamente a las seis esta mañana”, cuenta Maxim. “La ciudad estuvo completamente a oscuras durante la noche, no había fuentes de luz más allá de las explosiones. Hubo silencio durante algunas horas, pero luego, al alba, comenzó nuevamente. Ahora los podemos oír viniendo de todas las direcciones. Estamos aterrorizados”.

Un enclave al oriente

Una explosión en el horizonte, fotografiada por Maxim

Una explosión en el horizonte, fotografiada por Maxim

Mariúpol, una ciudad de 400.000 habitantes, es un objetivo estratégico clave para Rusia, porque capturarla podría permitirle a los rebeldes apoyados por Rusia en Ucrania oriental unir sus esfuerzos con las tropas que actualmente están en Crimea, la península sur que Rusia anexó en 2014.

El ministerio de defensa ruso llamó a los civiles el jueves para que evacuaran la ciudad a través de un corredor humanitario, pero los residentes aseguran que no ha habido un descanso de los bombardeos que les permita moverse.

Las comunicaciones llevan cortadas prácticamente durante dos días, dicen los residentes, lo que impide que las personas en la ciudad interactúen entre ellos. Las distintas llamadas entre residentes se caen constantemente o, simplemente, no se conectan.

En diálogo con la BBC la mañana de este jueves, el alcalde encargado de la ciudad, Serhiy Orlov, dijo que la ciudad entera estaba sin electricidad, agua o sistema de saneamiento.

“Teníamos quince líneas eléctricas principales y todas están caídas. Nos están dejando completamente aislados, destruidos por la artillería. Solo nos queda el suministro de gas natural”, dijo.

“Mariúpol aún es ucraniana por ahora, aún controlamos el perímetro, pero hay enfrentamientos en las calles a las afueras y estamos al borde de una crisis humanitaria”.

Familias incomunicadas

Orlov no se había podido comunicar con su padre, madre y hermano, dado que los tres viven juntos en un distrito residencial que ha sido bombardeado intensamente desde el lunes en la noche.

“No he podido contactarlos por ningún medio, los bombardeos son continuos”.

Dmytro, un activista en la ciudad, le contó a la BBC que podía escuchar disparos y explosiones constantes desde el lugar donde se estaba refugiando. Luego de menos de un minuto de conversación, la conexión se cortó y no pudo ser contactado nuevamente.

Alexander, un ingeniero de 44 años, dijo que se estaba refugiando con su esposa, dos hijos y su madre en un edificio de cinco pisos.

“Nos han bombardeado durante cinco días y ahora mismo puedo oír disparos y bombas sin parar”, dijo.

“Todavía hay algo de pan en una tienda cercana, pero no sabemos cuándo se termine el suministro de comida. ¿Qué va a pasar cuando nos quedemos sin agua ¿Qué va a ocurrir cuando se acabe la batería de mi teléfono? No vamos a tener ningún tipo de conexión con el exterior”.

Mariúpol, incomunicada

Para los familiares de los residentes de Mariúpol viviendo en otras partes de Ucrania, solo existe la agónica espera por una llamada.

Alina Hrydina, una vendedora de 31 años en Kiev, habló por última vez con sus padres el miércoles en la mañana cuando la llamaron para felicitarla a ella y a su hermano por su cumpleaños. No ha podido contactarlos desde entonces. Tampoco a su tía o a su abuela.

“Vi algunas fotos en internet sugiriendo que el área central donde viven estaba bien y no había sido incendiada”, contó. “Es el único pensamiento que tengo ahora. Estoy aferrada a esa esperanza”.

Si las fuerzas rusas toman Mariúpol, las tropas ucranianas que están entre la ciudad y la región de Dombás, la cual está bajo control de tropas separatistas apoyadas por Rusia desde 2014, podrían verse rodeadas y una extensa parte de Ucrania oriental podría verse ocupada.

Entre los residentes hay temores de que las tropas rusas estén dispuestas a destruir grandes partes de la ciudad para lograr tomársela.

Maxim dijo que estaba rezando para que el Ejército ucraniano pudiera resistir la invasión y restituir el suministro de agua.

“No podemos dejar este apartamento para conseguir comida, agua, nada”, dijo. “Tenemos frío y en la noche es totalmente oscuro”.

Dijo que trataría de hablar nuevamente en la tarde del jueves, pero su batería tenía menos de la mitad de su carga.

“No sé cuánto tiempo sobreviva mi teléfono”, dijo.

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