La cruz representa para los cristianos toda la obra de salvación que Jesucristo hizo por su pueblo. Su estado de humillación, desde su encarnación hasta su muerte, encontró su cima en la cruz del Calvario. Para los romanos la cruz refleja la muerte del delincuente más avezado y para los judíos la muerte de un vil pecador. Sin embargo, en la cruz, nosotros vemos la muerte del único justo por los injustos.
Podemos resumir la obra de Cristo en la cruz en cuatro palabras: Redención, Expiación, Propiciación y Reconciliación.

Redención

Cuando Adán, representante de la humanidad, pecó contra Dios todos pecamos en él, y como consecuencia de ello estábamos bajo la esclavitud del pecado, bajo la ira de Dios e incluso nos deleitábamos en ello, pues, nuestro corazón corrupto estaba inclinado al mal. Sin embargo, Cristo, el postrer Adán y representante de su pueblo, vino en carne para redimirnos, es decir liberarnos y rescatarnos, de la esclavitud del pecado y de la ira de Dios, pagando un precio alto al Padre, su propia sangre derramada en la cruz del Calvario.

Leer: Romanos 3:24; Efesios 1:7; 1Corintios 7:23; 1 Pedro 1:18-19.

Expiación y propiciación

También en la cruz, Cristo expió nuestros pecados, es decir, como verdadero Cordero de Dios, en su sacrificio, quitó el pecado de su pueblo. La cruz reflejó al cordero de Dios siendo llevado al matadero para que de esa manera destruya, extinga o borre nuestra culpa de pecado y nos purifique; y así fue. Asimismo, Cristo es nuestra propiciación, porque su sacrificio apaciguó la ira de Dios que estaba sobre nosotros pecadores, no saltando la justicia de Dios sino cumpliendo todas sus demandas.

Leer: Juan 1:29; Hebreos 9:23-26; Romanos 3:25; 1 Juan 4:10.

Reconciliación

Esta propiciación que hace Cristo por nosotros, su pueblo pecador, genera que nos reconciliemos con Dios. Dios es Santo y nunca podría tener comunión con pecadores, pues, todos estamos destituidos de Su gloria. Sin embargo, es por el sacrificio de Cristo en la cruz que ahora podemos tener comunión con Dios. Los que hemos venido en arrepentimiento y fe, hemos sido reconciliados con Dios.

Leer: Romanos 5:10-11; 2 Corintios 5:8; 2 Corintios 5:19.

Tener presente estas grandes verdades de la cruz, nos lleva a vivir seguros en Cristo. Por toda la obra que Cristo hizo, nosotros ahora le pertenecemos y ya no hay más condenación para los que estamos en Él (Romanos 8:1). Cristo nos libertó del pecado, nos quitó la culpa del pecado y nos llevó a una nueva y maravillosa relación con Dios.

¡Gracias Cristo por tu obra en la cruz!

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