El diluvio (heb. mabbûl y gr. kataklusmós), fue un gran cataclismo global de aguas. Dios mediante aguas subterráneas y fuertes lluvias manifestó su justicia sobre un mundo lleno de maldad, y su gracia sobre Noé y su familia. Maestros bíblicos datan este evento histórico 2300 años a.C. aproximadamente. Moisés lo registró en su libro de Génesis. (leer Génesis 6:1–9:17)

Historia Bíblica

En el desarrollo de la historia redentora, Adán y Eva pecaron contra Dios y el pecado entró al mundo y a la humanidad. Desde ese momento, la maldad de los hombres comenzó a crecer en la tierra, sus planes y pensamientos eran siempre inclinados al pecado. Por eso Dios decidió, en su justicia, terminar con todo ser vivo por medio del diluvio. (Génesis 6:5,7,11–13,17; Génesis 2:16-17; Génesis 3:6-7; Romanos 5:12-21)

Dios determinó destruir su creación para empezar de nuevo, y esto bajo su promesa que sería la simiente de la mujer el que destruiría el pecado y el mal. En su gracia escogió a Noé para construir un arca en donde lo salvaría del diluvio junto con su familia y animales. En esa arca sería preservada, en primacía, la simiente prometida. (Génesis 6:8-9,14; Génesis 7:1-10; Génesis 3:15)

Dios ejecutó su juicio después de 120 años de haberlo anunciado, destruyendo a todo ser viviente. La tierra volvió a su origen de “desordenada y vacía” y cubierta de profundas aguas tenebrosas, Dios se tomó un año para ordenarla. Luego ordenó a Noé a que salieran del arca dándoles un mandato, similar al que le dio a Adán, de multiplicarse en la tierra. (Génesis 6:3; Génesis 7:11,17–23; Génesis 8:13,16,17; Génesis 9:1-7; Génesis 1:2,6–9,28)

La cima inmediata es el pacto de Dios con Noé y su juramento de nunca más enviar otro diluvio para destruir los seres vivientes y la tierra. Como señal estableció un arco en las nubes como recordatorio de su pacto. De esa manera estaba preservando a la simiente de la mujer que es Cristo Jesús, quién salvará a sus escogidos y a la tierra del pecado y sus consecuencias. (Génesis 9:8–17)

¿Qué nos enseña esta historia

Dios es justo y lleno de gracia, nosotros pecadores.

Cuando Adán pecó todos pecamos en él, por eso nacemos totalmente corruptos e inclinados al mal, siendo la causa de la gran maldad en los días de Noé y la consecuencia de la ira justa de Dios sobre el pecador, pues “la paga del pecado es la muerte”. Pero Dios siendo misericordioso, y no saltando su justicia sino declarándonos justos en Cristo por la fe, nos salvó del pecado y de la condenación eterna, revelándonos en gran manera su gracia inmerecida. (Génesis 3:1–6; Romanos 5:6,23; 1Pedro 3:18; Efesios 2:4-5)

Noé y el arca son tipos de Cristo.

Noé se presenta como un mejor Adán y como tipo del postrer Adán, que es Cristo. Por la justicia de Noé su familia fue rescatada del diluvio, así como por la justicia de Cristo su pueblo es rescatado del pecado. (Génesis 2:16,17; 1Corintios 15:45; Génesis 6:9-10; 1Pedro 3:18-20)
Asimismo, la construcción detallada del arca apunta a la construcción del tabernáculo y del templo. Recuerda que Dios habitó, en estos lugares, con su pueblo de manera especial. En el Nuevo Testamento, por necesaria consecuencia, vemos que el verdadero templo, tabernáculo y arca es Cristo, y en Él estamos en comunión con Dios y salvos de su ira. (Génesis 6:14–16; Éxodo 36; 1; Crónicas 28; Juan 1:14; Juan 2:21; 1Pedro 3:20-22)

El diluvio es imagen de la segunda venida de Cristo.

Jesús afirmó que su segunda venida será como en los días de Noé, el mundo será grande en maldad por ser indiferente al Evangelio. Así como aquel día, Dios mostrará su juicio y gracia en Cristo, tomando en juicio a los pecadores para condenación y dejando a su pueblo para morar con Él por la eternidad en un nuevo cielo y tierra nueva. (Mateo 24:37–42; 2Pedro 3:5-13; Apocalipsis 21:1)

Dios es fiel a sus promesas.

Dios prometió una simiente humana que vencería al diablo, esa simiente estaba en la familia de Noé, específicamente en Sem, y Dios la guardó. Hoy sabemos que esa simiente es Cristo y fue por Él que Noé y su familia fueron salvos y que la tierra fue preservada por un pacto. ¡Dios es fiel! (Génesis 3:15; Lucas 3:36)

Llamados a ser pregoneros de justicia.

De la misma manera que Noé fue declarado heredero de justicia por la fe y llamado a ser pregonero de justicia, nosotros siendo justificados por la fe estamos llamados a ser pregoneros del Evangelio del Reino de Dios, el mismo que trae perdónde pecados a todo aquel que cree en Cristo. (Hebreos 11:7; 2Pedro 2:5)

¡Gracias Dios por mostrarnos a Cristo en medio del diluvio!

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