«Por tanto, no se preocupen, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”. 32 Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. 33 Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 34 Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará[e] de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas» (Mateo 6:31-34).

La mayoría de las personas deseamos una vida cómoda y sin preocupaciones. En general, esperamos gozar de buena salud, volvernos ricos e influyentes, y encontrar un buen trabajo— por citar algunos ejemplos.

En todos estos casos, es imposible asegurar que se obtendrá lo anhelado. Por ello, el estado de optimismo puede verse frustrado.

Además, todo lo anterior mencionado es temporal En el mejor de los casos, durarán hasta la muerte y para después desaparecer rápidamente. La gente cae enferma, los mercados bursátiles se desploman y los huracanes o terremotos destruyen casas cuidadosamente mantenidas.

Incluso si todo va bien, «cuando el incrédulo muera, su esperanza perecerá» (Proverbios 11:7). Esta es una severa advertencia para todos nosotros. Si nuestras esperanzas se centran únicamente en las cosas terrenales, estamos actuando de forma insensata.

En cambio, debemos buscar el Reino de Dios. El cual nunca perecerá y no defraudará nuestras esperanzas de una vida alegre y bendecida, empezando aquí en la tierra pero alcanzando su plenitud en la eternidad.

¿En qué estás poniendo tu esperanza

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