Otro tiroteo. Otra matanza en una escuela estadounidense.

Al menos 19 niños y dos maestras fueron asesinados este martes en la escuela primaria Robb en la localidad de Uvalde, Texas, un pueblo de 16.000 habitantes a unos 135 kilómetros de San Antonio.

El autor de la masacre, Salvador Ramos, tenía 18 años. Entró al centro educativo con una pistola y un rifle de asalto AR-15 y abrió fuego dentro de un salón de clases. Murió por disparos de la policía.

Este incidente reaviva el debate sobre la necesidad o no de controlar la posesión de armas de fuego.

“Como nación nos tenemos que preguntar: ¿cuándo, en nombre de Dios, le vamos a hacer frente al lobby de las armas?”, dijo el martes el presidente de EE.UU., Joe Biden, en reacción a la masacre.

“¿Cuándo, en nombre de Dios, haremos lo que todos sabemos en nuestras entrañas que se debe hacer?”, continuó.

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El mandatario contó que durante su reciente gira en Asia entró en conocimiento de que los tiroteos masivos habituales solamente pasan en su país.

“Lo que me llamó la atención fue que este tipo de tiroteos masivos rara vez ocurren en otras partes del mundo”, dijo.

“Este tipo de tiroteos masivos nunca ocurren con la frecuencia con la que ocurren en Estados Unidos. ¿Por qué? ¿Por qué estamos dispuestos a vivir con esta carnicería ¿Por qué seguimos dejando que esto suceda”.

Hay naciones como Escocia, Australia y Nueva Zelanda, que en el pasado fueron escenarios de tragedias similares, que promulgaron leyes para controlar de manera estricta el porte de armas.

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Y los resultados son evidentes: en Australia no ha ocurrido una masacre de este tipo desde 1996, cuando se emitió la nueva regulación sobre las armas.

Mientras que en Escocia, donde tuvo lugar un tiroteo en una escuela primaria ese mismo año, el control de armas -que se extendió a Reino Unido- redujo drásticamente los crímenes con armas de fuego.

Las estrictas leyes en Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda se dan en un contexto cultural y político diferente al de EE.UU. y es precisamente la cultura del arma de fuego y la política arraigada en la Constitución estadounidense -que otorga el derecho a los ciudadanos de estar armados- lo que obstaculizan cualquier legislación.

Escocia

En marzo de 1996, en la ciudad escocesa de Dunblane sucedió algo similar a lo ocurrido esta semana en Uvalde, y también en anteriores episodios como el de la escuela de Parkland, Florida: un hombre entró en una escuela y mató a 16 niños y a su maestra.

El crimen causó una conmoción profunda en todo Reino Unido.

De la masacre surgió la convicción de hacer algo para evitar una nueva tragedia de ese tipo y se inició una campaña para prohibir la posesión privada de armas de fuego cortas. La petición recibió unas 700.000 firmas y las leyes cambiaron.

El vínculo entre la disponibilidad de armas de fuego y el número de personas muertas a tiros era evidente para los legisladores en Escocia y hasta hoy el público continúa firmemente a favor de la prohibición.

Las cifras parecen respaldarlo: entre 2009 y 2018 los crímenes con armas de fuego en Escocia se redujeron en 75%, de acuerdo a los datos revelados por el gobierno escocés.

AFP La masacre de la escuela primaria de Dunblane, Escocia, fue un punto de inflexión para el control de armas en Reino Unido.

AFP La masacre de la escuela primaria de Dunblane, Escocia, fue un punto de inflexión para el control de armas en Reino Unido.

Los expertos señalan que las diferencias de actitud y percepción en Washington y en parte de la ciudadanía representan un obstáculo para replicar medidas similares en suelo estadounidense.

En 2012, a raíz de la matanza en la primaria de Newtown, Connecticut, Garen Wintemute, director del Programa de Investigación para la Prevención de la Violencia de la Universidad de California en Davis, le dijo a la BBC que los obstáculos contra el control de armas en EE.UU. son culturales a largo plazo, pero políticos a corto plazo.

“A corto plazo, no creo que tengamos que librar una lucha en términos de lo que somos como pueblo para hacer cosas que la mayoría quiere hacer”, declaró.

El mayor impedimento, señala, no es la voluntad del ciudadano de a pie sino la existencia de una enmienda constitucional difícil de modificar.

Australia

Australia también implementó estrictas medidas contra la tenencia de armas tras una masacre en abril de 1996, cuando un pistolero abrió fuego contra un grupo de turistas en Port Arthur, Tasmania, y causó la muerte de 35 personas y heridas en otras 23.

GETTY IMAGES En Australia se lograron sacar de circulación unas 600.000 armas después de la masacre de Port Arthur en 1996.

GETTY IMAGES En Australia se lograron sacar de circulación unas 600.000 armas después de la masacre de Port Arthur en 1996.

Doce días después de la peor masacre en la historia del país, los gobiernos estatales y locales promulgaron amplias leyes para el control de armas. Más de 20 años después, esas políticas se reflejan en resultados positivos.

A los diez años de las restricciones, los homicidios por arma de fuego habían caído 59%.

Las tasas de suicidios por las mismas causas bajaron aún más, 65%.

Pero la estadística que más llama la atención es que antes de la masacre en Port Arthur, el país había sido escenario de 11 tiroteos masivos. Desde entonces no ha habido ninguno.

La particularidad de Australia, además de que aplicó restricciones a la portación de armas, fue que inició una campaña masiva para comprarle a la población armas semiautomáticas, escopetas y rifles en circulación. El gobierno logró sacar de las calles más de 600.000, una quinta parte del total.

Nueva Zelanda

En marzo de 2019, Brenton Tarrant -un supremacista blanco autoproclamado- atacó la mezquita Al Noor y el Centro Islámico Linwood en Christchurch, Nueva Zelanda.

El hombre estaba armado con rifles semiautomáticos y murieron 41 musulmanes.

En respuesta, las autoridades prohibieron las armas semiautomáticas y los rifles de asalto, y a su vez lanzaron un plan de recompra de armas por el que los propietarios recibieron una compensación de hasta el 95% del precio original.

Sin embargo, con el número abrumador de armas en manos de civiles en EE.UU. -más de una por habitante-, es difícil que medidas de este estilo funcionen, explicó Garen Wintemute.

La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) es el epicentro de la mayoría de las protestas en contra de la portación de armas.

La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) es el epicentro de la mayoría de las protestas en contra de la portación de armas.

“Tenemos que tomar medidas que se puedan adaptar en nuestro ambiente, donde se acepta la tenencia de armas”, señaló Wintemute, que también es doctor en medicina de urgencias.

“Esas medidas pueden incluir la prohibición de armas de asalto, las que tienen cargadores de alta capacidad, pero en EE.UU. millones de esas armas están en circulación y no las podremos recuperar”.

No obstante, hay cosas que se pueden hacer inmediatamente, señaló el experto.

Una sería prohibir la venta privada de armas que evade ciertas reglas de identificación y revisión de antecedentes, que se imponen regularmente a los expendedores autorizados.

Pero las iniciativas políticas en este sentido han fracasado.

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