La invasión militar en Ucrania ha generado protestas en varias partes del mundo, incluso en Rusia. El pasado domingo, 5000 personas fueron detenidas en 69 ciudades por manifestarse contra la intervención militar.

Si se producen protestas multitudinarias, Vladimir Putin contaría con una Guardia Nacional de aproximadamente 400.000 integrantes para contenerlas, al ser un organismo creado en 2016 precisamente para responder a tal eventualidad por el ex guardaespaldas del presidente ruso, Viktor Zolotov, en el que ingresaron antiguas tropas especiales antidisturbios.

Sin embargo, “una cosa es golpear las cabezas de los estudiantes en Moscú y San Petersburgo, y otra disparar a las madres de los soldados muertos en Ucrania”, indica Leon Aron, experto en política interior y exterior de Rusia, en una columna titulada Por qué Putin tiene que cuidar su espalda publicada en The Washington Post este martes.

En este artículo, Aron describe cuáles son las consecuencias de este conflicto para Putin. “Sea cual sea el resultado, la guerra de Vladimir Putin contra Ucrania supone una mala noticia para su régimen. Ni la toma de Kiev y la declaración de victoria ni el inicio de las negociaciones de paz salvarán al presidente ruso de las graves, si no fatales, repercusiones internas de esta guerra“, observa.

El analista, nacido en Moscú en 1954, explica que a lo largo de la historia rusa, el ejército generalmente se ha mantenido alejado de la política, con la excepción de la revuelta decembrista en 1825. “Al igual que otros autócratas, Putin ha tenido amplias oportunidades para elegir a sus principales oficiales por lealtad en lugar de capacidad. Su ministro de defensa, Sergei Shoigu, no tiene antecedentes militares en absoluto: es un ingeniero civil que fue ministro de situaciones de emergencia cuando Putin lo puso a cargo de las fuerzas armadas del país”, explica.

Militares no acudirían al rescate de Putin en protestas

Aunque se hayan detenido miles de ciudadanos rusos por las protestas en contra de la invasión, dice que es casi seguro que la mayoría de la población apoyará a Putin al principio, “como lo hicieron después del primer ataque de Putin contra Ucrania en 2014″.

Aron considera que Putin espera que “este efecto dure hasta las elecciones presidenciales de marzo de 2024, cuando, a los 71 años, probablemente trate de embarcarse en una presidencia de por vida”. Señala que “es imposible predecir cuándo los recuerdos del atolladero de la Unión Soviética en Afganistán (los ataúdes revestidos de zinc y las tumbas sin marcar) resultarán en resentimiento, luego en ira y luego en protestas masivas”.

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una ceremonia virtual a través de un enlace de video en la residencia estatal Novo-Ogaryovo en las afueras de Moscú, el 4 de marzo de 2022.

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una ceremonia virtual a través de un enlace de video en la residencia estatal Novo-Ogaryovo en las afueras de Moscú, el 4 de marzo de 2022. (Alexey Nikolsky/Sputnik/AFP/)

Ante una situación de multitudinarias manifestaciones y que los guardian duden en actuar, Aron cree que “los militares no acudirán al rescate de Putin, mientras que los oligarcas podrían animarse lo suficiente como para donar a los manifestantes, como hicieron sus homólogos ucranianos durante la Revolución Naranja de 2004 y la Revolución de Maidan de 2014″.

Menciona que la tradición nacional rusa no perdona los reveses militares.” Prácticamente todas las grandes derrotas han resultado en un cambio radical. La Guerra de Crimea (1853-1856) precipitó la revolución liberal desde arriba del emperador Alejandro II. La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) provocó la Primera Revolución Rusa. La catástrofe de la Primera Guerra Mundial resultó en la abdicación del emperador Nicolás II y la revolución bolchevique. Y la guerra en Afganistán se convirtió en un factor clave en las reformas del líder soviético Mikhail Gorbachev”.

“También vale la pena señalar que el régimen actual es excepcionalmente vulnerable en este sentido. Más que cualquier otro gobernante ruso, Putin ha hecho de la guerra, o de la amenaza de guerra, la base de su apoyo popular”, argumenta el autor.

“Comenzó su presidencia prometiendo la modernización económica, pero cuando el crecimiento se desaceleró y luego comenzó a estancarse, cambió sus tácticas a lo que los académicos rusos han llamado ‘movilización patriótica’ o ‘patriotismo militarizado en tiempos de paz’. La propaganda rusa pronto comenzó a enfatizar dos temas principales: ‘Occidente’ está en guerra con Rusia. Una guerra no declarada, mezquina, constante. Pero la Patria no tiene nada de qué preocuparse mientras Putin esté al mando. No solo protegerá a Rusia, sino que también la restaurará al menos a parte de la gloria victoriosa del estatus de superpotencia soviética.”, reflexiona.

Realizando una comparación con el marxismo-leninismo, Aron cree que “la ideología nacional de patriotismo militarizado de Putin carece de coherencia y aún debe ser probada por la adversidad (…) la evolución del régimen de un autoritarismo aún ‘más suave’ a una tradicional dictadura brutal será una de las consecuencias más preocupantes de esta guerra.”

“La censura en tiempos de guerra ya ha comenzado, con multas enormes y hasta 15 años de prisión por “distorsionar el propósito, el papel y las tareas de las Fuerzas Armadas”, los arrestos se acumulan y es probable que siga más represión. Sin embargo, después de dos décadas de libertades incompletas y en constante disminución, pero reales, un cambio repentino al casi totalitarismo conlleva enormes riesgos para Putin”, estima.

“Cada día que resiste Ucrania erosiona el régimen de Putin. Las consecuencias podrían ser de largo alcance”, concluye. (I)

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