“Bien has obrado con Tu siervo,
Oh Señor, conforme a Tu palabra.
Enséñame buen juicio y conocimiento,
Pues creo en Tus mandamientos.
Antes que fuera afligido, yo me descarrié,
Pero ahora guardo Tu palabra.
Bueno eres Tú, y bienhechor;
Enséñame Tus estatutos.
Los soberbios han forjado mentira contra mí,
Pero de todo corazón guardaré Tus preceptos.
Su corazón está cubierto de grasa,
Pero yo me deleito en Tu ley.
Bueno es para mí ser afligido,
Para que aprenda Tus estatutos.
Mejor es para mí la ley de Tu boca
Que millares de monedas de oro y de plata”
(Salmo 119:65-72).

Todos tenemos algo que apreciamos especialmente, algo que nunca queremos perder. La posesión más preciada de David fueron los “testimonios de Dios”. Él los quiso mantener para siempre porque fueron “el gozo de su corazón”. David escribió el extenso Salmo 119 para explicar cuán maravillosa es la Palabra de Dios y cuán central era en su vida. Los testimonios de Dios le dieron consejo y fortaleza, a David, en tiempos de tristeza porque le ayudaron a enfocarse en Dios y en Sus promesas.

Estos testimonios son una fuente estable de gozo, no importa cuán difíciles sean las circunstancias. Leer la Biblia nos puede ayudar a ver más allá de nuestras presentes aflicciones y ver el plan más grande de la gracia de Dios y Su plan para este mundo. Debido a que David necesitaba la Palabra de Dios tan desesperadamente para mantenerse en el camino, él dice: “para mí es más valiosa tu enseñanza que millares de monedas de oro y plata” (Salmo 119:72).

¿Cuál es tu posesión más valiosa en la vida

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