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“Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
Ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor.
9 «Porque como los cielos son más altos que la tierra,
Así Mis caminos son más altos que sus caminos,
Y Mis pensamientos más que sus pensamientos.
10 Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve,
Y no vuelven allá sino que riegan la tierra,
Haciéndola producir y germinar,
Dando semilla al sembrador y pan al que come,
11 Así será Mi palabra que sale de Mi boca,
No volverá a Mí vacía
Sin haber realizado lo que deseo,
Y logrado el propósito para el cual la envié”
(Isaías 55:8-11).

Las palabras humanas son a veces promesas vacías o meramente mentiras. No es así con las palabras de Dios. Dios es absolutamente verdadero, y cuando Él promete algo, se hará realidad. Así mismo, su voluntad se forma por medio de su palabra. El ejemplo más claro de esto lo encontramos en el relato de la creación. Por seis días seguidos, Dios declaró: “Que haya…” (luz, animales, etc), y cada día sus palabras fueron seguidas por la aclaración: “Y así fue” (Génesis 1).

Cuando Jesús vivió en la Tierra, sus palabras tuvieron el mismo poder, por ejemplo, cuando Él ordenó a un hombre muerto salir de su tumba, y él salió (Juan 11). El hecho de que la Palabra de Dios “tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié” nos da una firme esperanza para el futuro. Dios nos prometió un futuro glorioso para todos aquellos que cree en Él. Ya que fue Dios mismo quién dijo estas promesas, podemos estar seguros de que ellas se harán realidad.

¿Estás convencido realmente de que las promesas de Dios se cumplirán?

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