El 28 de diciembre de 1963, dos particulares adolescentes estaban planeando un experimento que captaría la atención de Estados Unidos y el mundo durante décadas. Romper el récord de más días sin dormir.

Bruce McAllister, uno de los estudiantes de secundaria a quien se le ocurrió la idea, contó que surgió de la simple necesidad de idear un proyecto de ciencias. Bruce y su amigo Randy Gardner, decidieron que querían batir el récord mundial de mantenerse despierto.

El récord para ese momento lo tenía un DJ en Honolulu, que había logrado 260 horas (menos de 11 días), tal como reseña La Razón.

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“Éramos idiotas, ya sabes, jóvenes idiotas”, explicaba McAllister en una entrevista a la BBC. “Me quedé despierto con él para vigilarlo y después de tres noches de insomnio me desperté apoyado contra la pared escribiendo notas en la misma pared”.

Tras decidirse a realizar tal proeza, los adolescentes involucraron a terceras personas como Joe Marciano, para que poco después fuese sustituido por el investigador del sueño William Dement de la Universidad de Stanford, junto al teniente comandante médico de la Marina de los Estados Unidos, John J. Ross, para alivio de los padres de Randy.

“Probablemente yo era la única persona en el planeta en ese momento que realmente había investigado el sueño”, afirmaba Derment.

Los únicos experimentos sobre el tema habían sido realizados a varios gatos despiertos durante 15 días, momento en el que murieron. Aunque no se determinó con exactitud si la muerte fue debida a la falta de sueño o a factores como el estrés o los productos químicos utilizados.

“Randy tomaba Coca-Cola ocasionalmente, pero aparte de eso, ya sabes, nada de Dexedrina, Benzedrina, los estimulantes del día en esos días”, explicó. Gardner contó solamente con la gente que tenía a su alrededor para mantenerse despierto.

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Los únicos experimentos sobre el tema habían sido realizados a varios gatos despiertos durante 15 días, momento en el que murieron.

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Los efectos del experimento

Randy se encontraba optimista y no parecía particularmente afectado al principio del experimento. Pero, a medida que pasaban los días, las pruebas que hicieron con él arrojaron algunos resultados inesperados.

Pusieron a prueba su sentido del gusto, el olfato y el oído y después de un tiempo sus habilidades cognitivas y sensoriales comenzaron a verse afectadas.

Sin embargo, su juego de baloncesto mejoró, aunque esto podría deberse a la gran cantidad de horas que pasaba jugando.

“Estaba en muy buena forma física”, relataba Dement, “así que siempre podíamos ponerlo en marcha jugando al baloncesto o a los bolos, o a cosas así. Si cerraba los ojos, se dormiría inmediatamente “.

Durante los 11 días, Gardner experimentó cambios de humor, fallos de memoria y atención, pérdida de coordinación, dificultad para hablar e, incluso, alucinaciones.

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En el último día del experimento, Randy no mostraba ninguna expresión y necesitaba constantes indicaciones para responder. (Getty Images)

A partir del tercer día, “aluciné creyendo que era un famoso jugador de fútbol americano negro, Paul Lowe, de los San Diego Chargers”, escribió Gardner en “Esquire” años después.

Las alucinaciones continuaron los días siguientes. El adolescente veía un camino frente a un bosque en lugar del resto de su casa. “Después de ese momento, todo se fue básicamente al demonio”, escribió Gardner.

En los días siguientes, el habla de Gardner se volvió cada vez más lenta y empezó a arrastrar las palabras, y su memoria empeoró. Empezaba las frases y se detenía a mitad de camino, olvidando por dónde iba o siendo interrumpido por un nuevo pensamiento.

En el último día del experimento, Randy no mostraba ninguna expresión y necesitaba constantes indicaciones para responder a cualquier pregunta, lo que hacía con un tono monótono y arrastrado.

Además, las pruebas sobre sus capacidades mentales cesaron pronto, ya que acababa olvidando lo que estaba haciendo.

El experimento, terminó el 8 de enero de 1964, y convirtió a Randy Gardner, de 17 años, en la persona que más tiempo había aguantado despierto en el mundo, con un récord Guinness de 11 días y 25 minutos. Una marca que, hasta el presente, sigue sin ser superada. (I)

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