«Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se apareció* a José en sueños, diciendo: «Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes quiere buscar y matar al Niño». Y levantándose José, tomó de noche al Niño y a Su madre, y se trasladó a Egipto» (Mateo 2:13-14).

Jesús, ¡tú conoces el sentimiento de no ser querido en tu lugar de residencia! Alguien oró esto por mí durante una época terrible de mi vida, cuando me fue negada la extensión de mi visado. Después del rechazo, no pude regresar a mi país de residencia, por lo tanto, perdí mi trabajo, mi casa y mi automóvil. Para los que hemos tenido que hacer movimientos de país repentinos, ya sea como migrantes o refugiados, el viaje suele ser angustioso y complicado. Sin embargo, podemos tener esperanza porque Jesús se solidariza con ese arduo viaje.

Jesús y su familia vivieron un momento de caos y rechazo similar al de muchos de nosotros que tuvimos que dejar atrás una región de forma involuntaria. Ellos huyeron a Egipto por causea de un líder tiránico e inseguro. Esta situación es similar a la de muchos de nosotros en todo el mundo. Cuando nos encontramos en esta difícil situación, necesitamos desesperadamente a alguien que entienda por lo que estamos pasando; alguien que pueda compadecerse de nosotros. En Jesús, el Dios del universo puede compadecerse de los migrantes y refugiados porque Él ha pasado por lo mismo.

Así pues, si esta Navidad estás lejos de casa (o incluso sin hogar), recuerda que Jesús es un regalo para ti porque puede compadecerse de ti. Haz que Jesús sea tu regalo como hogar para los desamparados, pan para el extranjero y albergue para el refugiado. Él es un regalo para todos los peregrinos.

A leer: Mateo 2:13-20

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