maternidad

Salmos 78:1-8
«Escucha , pueblo mío, mi enseñanza;
Inclinen ustedes su oído a las palabras de mi boca.
2 En parábolas abriré mi boca;
Hablaré enigmas de la antigüedad,
3 Que hemos oído y conocido,
Y que nuestros padres nos han contado.
4 No lo ocultaremos a sus hijos,
Sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas del Señor,
Su poder y las maravillas que hizo.

5 Porque Él estableció un testimonio en Jacob,
Y puso una ley en Israel,
La cual ordenó a nuestros padres
Que enseñaran a sus hijos,
6 Para que la generación venidera lo supiera, aun los hijos que habían de nacer,
Y estos se levantaran y lo contaran a sus hijos,
7 Para que ellos pusieran su confianza en Dios,
Y no se olvidaran de las obras de Dios
Sino que guardaran Sus mandamientos;
8 Y que no fueran como sus padres,
Una generación porfiada y rebelde,
Generación que no preparó su corazón,
Y cuyo espíritu no fue fiel a Dios.» (Salmo 78:1-8)

El Salmo 78 habla de la importancia de conocer el carácter de Dios y sus poderosos actos. La historia de Israel está llena de ejemplos en los que el pueblo se olvidó y alejó del Señor, sufriendo así las consecuencias de sus actos. Por eso, Asaf (el poeta que escribió este salmo) hace hincapié en el mandamiento de Dios de enseñar a nuestros hijos «los hechos gloriosos del Señor, su poderío y las maravillas que ha hecho» (Salmo 78:4).

Es necesario que cada generación conozca al Señor. Por eso, es responsabilidad de las generaciones anteriores transmitir los relatos sobre las maravillas de Dios que han experimentado, escuchado de sus padres y abuelos, o leído en la Biblia. De este modo, los niños aprenderán que el Señor es bueno, todopoderoso y digno de confianza, «para que pongan su esperanza en Dios… y guarden sus mandamientos» (Salmo 78:7).

Los padres por sí mismos no pueden garantizar que su fe y su esperanza sean compartidas también por sus hijos. Con todo, es su responsabilidad educarlos y asegurarse de que entienden la Palabra de Dios. Este conocimiento es el regalo más precioso que los padres pueden dar a sus hijos.

¿Compartieron tus padres contigo el conocimiento de Dios?

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