«¡La Roca! Su obra es perfecta, porque todos Sus caminos son justos; Dios de fidelidad y sin injusticia, justo y recto es Él». (Deuteronomio 32:4)

La verdad no consiste únicamente en mantener las doctrinas correctas, sino que también tiene un componente moral. En la Biblia, la verdad está íntimamente relacionada con la fidelidad y la confianza.
El Señor es llamado «Dios de verdad» (por ejemplo, en Isaías 65:16 y en el Salmo 31:5), ya que es totalmente digno de confianza y fiel a su palabra. «Su amor firme es eterno, y su fidelidad por todas las generaciones» leemos en Salmos 100:5.

Un buen ejemplo, de su confianza y fidelidad, es su relación con el pueblo de Israel. Una y otra vez, ellos pecaron y se apartaron del Señor. No obstante, después de numerosas advertencias, su conducta infiel fue castigada, pero el Señor no los abandonó. El Señor se mantuvo fiel a las promesas a su pacto a pesar de su conducta.

Nosotros también debemos imitar a Dios, y ser dignos de confianza. Debemos hablar con la verdad y nuestras palabras deben ser honestas, (Proverbios 8:8, Efesios 4:25). Si prometemos algo debemos cumplirlo algo. Como nos los dijo Jesús: “Antes bien, sea el hablar de ustedes: “Sí, sí” o “No, no”; porque lo que es más de esto, procede del mal”(Mateo 5:37).

Debemos ser genuinos y confiables en nuestras relaciones – al igual que nuestro Padre en el cielo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *