“¿Me he vuelto, por tanto, enemigo de ustedes al decirles la verdad?» (Gálatas 4:16)

La Biblia nos dice que debemos decir la verdad, aunque esto puede ser muy complicad, ya que los demás no aprecien nuestra honestidad. También es posible que decir la verdad perjudique nuestra reputación, nuestras amistades o nuestras aspiraciones profesionales.

El apóstol Pablo se encontraba en una situación semejante a esta. Él notó cómo algunos creyentes de Corinto estaban siendo engañados por falsos maestros, y los confrontó con la verdad de sus errores teológicos. Él sabía que se sentirían apenados por sus palabras, pero su integridad eterna estaba en juego, y por eso Pablo utilizó palabras duras para corregir las enseñanzas equivocadas y engañosas. Como consecuencia, las personas se arrepintieron, lo cual fue motivo de gran alegría, tanto para ellos como para Pablo. Entonces él declaró: «Pero ahora me regocijo, no de que fueron entristecidos, sino de que fueron entristecidos para arrepentimiento» (2 Corintios 7:9).

Es prudente prestar atención si alguien nos dice la verdad, aunque esto resulte doloroso de escuchar. «Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida Morará entre los sabios», nos enseña el libro de los Proverbios.

¿Has estado recientemente en una posición en la que decir la verdad era difícil? ¿Lo has hecho de todos modos?

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