El apóstol Juan luego de expresar de manera solemne que Jesús es Dios, Eterno, Creador y Redentor (Juan 1:1–5), presentó a favor de Jesús a Juan el Bautista del cual afirmó: “Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Éste vino por testimonio, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. Él no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.” (Juan 1:6–8) Mientras vemos la esencia de la misión de Juan el Bautista insertada en el prólogo de este cuarto evangelio, podemos aprender sobre nuestra misión como cristianos en este mundo.

¿Cuál fue la misión de Juan el Bautista

Ser mensajero de la gracia y misericordia de Dios. Juan fue hijo de Zacarías y de Elisabet, su nacimiento, obviamente, manifestó que era “un hombre” (Lucas 1:5- 25; Lucas 1:57–80), y el cumplimiento de diferentes profecías del Antiguo Testamento en su vida manifestó que era un “enviado de Dios” (Isaías 40:3; Malaquías 3:1; Malaquías 3:4-6). Siendo su vocación un eco de los profetas del Antiguo Testamento es considerado como el último de ellos.

Había sido enviado de Dios para una misión de gracia y misericordia, su propio nombre parece reflejar su mensaje (“Juan” = “Dios ha hecho gracia” o “el Señor ha tenido misericordia”). Por ser “un enviado” o mensajero de Dios, el mensaje de gracia y misericordia que se le había encomendado tenía respaldo de Dios.

Dar testimonio de la luz

El término legal “testimonio” se relaciona no solo con una declaración externa sino con un compromiso interno con la verdad que sostiene el testigo, persuadido de tal manera que está dispuesto a morir por el testimonio que da. Juan era ese testigo comprometido que había experimentado la verdad que testificaba.
Llamado a dar “testimonio de la luz”, de aquella luz que en las tinieblas resplandece (Juan 1:5), declaró a favor del Logos de Dios: Jesucristo y en contra de las tinieblas.

Parece ser esto uno de los motivos por los que Juan es considerado en este gran prólogo, su labor como testigo fue de gran importancia para defender la verdad de que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios (Juan 20; Juan 30-31).

Juan testificó antes y durante el ministerio público de Jesús. Su testimonio era “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1) y luego “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). En ambas etapas su fin fue ¡crean en Cristo!

No dar testimonio de sí mismo

Juan el Bautista no buscó su propia gloria ni ganar seguidores para sí, sino testificó y llevó a las personas a la luz gloriosa de Cristo, “él no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz”. En el mismo evangelio, Jesús lo llamó “una antorcha” (Juan 5:35) pues reflejaba la luz de la gracia y de la misericordia en Cristo. El Espíritu de Cristo había generado humildad en su corazón y en Cristo era una lámpara que anunciaba el Evangelio.

¿Cuál es nuestra misión?

Que con un corazón humilde y buscando siempre que sea Cristo glorificado, demos testimonio de Él como aquella luz que vence a las tinieblas del pecado y la maldad. El Evangelio de Jesucristo que sobreabunda de gracia y misericordia es nuestra gran misión.
“Es nuestra la misión, llevar la redención Su nombre trae la salvación, pues Cristo es el Señor” (Himno “Un reto nos aguarda”)

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