El jueves se conoció que la máxima corte del Perú dio vía libre al indulto que se le había dado en 2017 al encarcelado expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), pero que luego se le quitó en 2018.

El Tribunal Constitucional (TC) emitió un fallo que restituyó el indulto humanitario que le dio en 2017 el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski, en una decisión que reabrió la profunda división que genera el polémico político en Perú, país que lleva varios años con inestabilidad política.

Pese a las controversias internas, en la relación con el Ecuador fue una pieza clave para cerrar la etapa de conflicto entre ambos países.

Así lo menciona Alejandro Suárez, director de la Academia Diplomática de la Cancillería de Ecuador, quien menciona que durante su estadía en la Presidencia de Perú su posición frente a Ecuador tuvo tres etapas.

La primera fue cuando aún estaba el presidente Rodrigo Borja (1988-1992), quien propuso un arbitraje papal que no fue aceptado, pero produjo una respuesta positiva de Fujimori, que presentó una contrapropuesta que abría la posibilidad de que los dos países pudieran conversar. Se produjo una visita en febrero de 1992. Luego estuvo ese año también en el cambio de mando en el que subió el presidente Sixto Durán-Ballén (1992-1996), a quien Fujimori volvió a visitar.

Alberto Fujimori y Rodrigo Borja, en 1992.

Alberto Fujimori y Rodrigo Borja, en 1992.

Alberto Fujimori y Sixto Durán-Ballén en Quito, en 1995.

Alberto Fujimori y Sixto Durán-Ballén en Quito, en 1995.

“Se establece una relación cercana entre los dos presidentes (Fujimori y Durán-Ballén), y las relaciones entran en una etapa muy positiva (…). Las cosas iban muy bien, había proyectos de cooperación entre los dos países; todavía no arrancaba el diálogo sobre el tema territorial, pero ya se iban poniendo bases para que ese diálogo fuera fructífero. No sabemos qué pasó, pero el caso es que en 1995 estalla la guerra del Cenepa y las relaciones se complican. Y ahí se produce una transformación del presidente Fujimori, que hasta fue al escenario de los combates para proclamar que el Perú había recuperado Tiwintza, cosa que no era cierta; quiso dar un golpe de propaganda”, apunta Suárez.

En este punto, Paco Moncayo, exalcalde de Quito y quien durante el conflicto de 1995 fue el comandante del Ejército ecuatoriano, opina que eso ocurrió porque había elecciones y Fujimori quiso dar un golpe de imagen mostrándose junto a los soldados.

“El señor Fujimori nos hizo la guerra (…); estaba de candidato y creyó que iba a hacer un paseo, que iba e izaba la bandera y era el apoteósico cierre de su campaña. Gracias a nuestros heroicos soldados, fracasó y tuvo que sentarse a negociar la paz”, comenta Moncayo.

Suárez recuerda que Fujimori y el Gobierno peruano mantuvieron una posición muy dura durante ese tiempo. Pero poco después vinieron las conversaciones de paz, que arrancaron con la declaración de paz de Itamaraty, en febrero de 1995. El proceso de negociación posterior tuvo varias etapas, hasta 1998, cuando los dos países habían acordado que, aparte del tema de fondo, territorial, los dos países iban a conversar de otros temas en el campo de la cooperación, la integración, las medidas de confianza y más.

Incluso, en 1997 el entonces presidente, Abdalá Bucaram, visitó Perú y se reunió con Fujimori, algo que según él que no les gustó a los militares y que fue un factor por el que lo derrocaron ese año.

Abdalá Bucaram y Alberto Fujimori comiendo durante la visita del primero a Perú, el 15 de enero de 1997.

Abdalá Bucaram y Alberto Fujimori comiendo durante la visita del primero a Perú, el 15 de enero de 1997.

Al final, para mejorar la plataforma de negociaciones, los dos países se propusieron negociar un acuerdo de integración fronteriza, un acuerdo de navegación en los ríos orientales, un acuerdo de medidas de confianza y seguridad.

“Curiosamente, esos acuerdos fueron la propuesta que Fujimori hizo en 1992, cuando vino al Ecuador (…). Se produjo la negociación en 1998 y fue exitosa; pero en mayo, como no avanzaba negociación en el ámbito territorial, las relaciones comenzaron de nuevo a tensarse peligrosamente. Luego ocurre el cambio de mando en Ecuador y asume la presidencia Jamil Mahuad, y se resuelve, en vista de que las comisiones negociadoras no llegaron a un acuerdo, que los dos presidentes tomen a cargo el tema (…), pero tampoco llegan a un acuerdo”, cuenta Suárez, quien agrega que la decisión de Fujimori de cambiar a su canciller, Eduardo Ferrero —de una línea dura en el tema—, y poner en el cargo al que había liderado la comisión de negociación peruana, Fernando de Trazegnies, fue algo importante. Además depuso a Nicolás Hermoza, quien era jefe del Comando Conjunto de Perú y tenía también una línea dura y belicista.

“Entonces, el escenario se transforma con esa decisión del presidente Fujimori, que la toma para favorecer el proceso de negociación con el Ecuador. (…) Luego (sobre la base de la propuesta de los países garantes) se firma, en octubre, el acuerdo de paz definitivo (en Brasilia). Con esto lo que quiero decir es que, en términos generales, Fujimori dio un aporte positivo al proceso de conversaciones del Ecuador. Independientemente de esa actitud patriotera que tuvo durante la guerra, que además le fue mal, porque fue una mentira, sí dio muestras efectivas de que quería llegar a una solución (territorial) con el Ecuador”, afirma Suárez.

Según Moncayo, quien además ha escrito sobre el largo conflicto entre los dos países, el llegar a la paz con el Perú significó superar un conflicto que había nacido en la colonia y que se agravó cuando fuimos parte de la Gran Colombia, a tal punto que tuvimos la primera guerra siendo parte de ese Estado. Y luego siempre fue favorable al Perú, porque Ecuador, tras el fin de la Gran Colombia, quedó como un país débil y pequeño en comparación con Perú y Colombia.

“Haber firmado esa paz es haber superado un conflicto centenario (…), [luego de que] fuimos obligados a firmar el protocolo de Río de Janeiro (1942) casi con la pistola en la cabeza, casi que ‘o firman o se toma Guayaquil el Perú’, así firmamos. Entonces, durante los 50 años posteriores, el Perú decía que no había nada que discutir (…). Gracias al conflicto de 1995 se logra que el Perú acepte sentarse a discutir el acuerdo de Itamaraty (…), y acepta que existía un problema limítrofe con Ecuador”, dice Moncayo.

El general en servicio pasivo comenta que esto significó que Ecuador comenzara un nuevo siglo en otros términos, sin amenazas fronterizas y en cooperación con Perú, que es un país casi idéntico a Ecuador, ambos creados sobre realidades históricas, culturales y sociales iguales.

“[Gracias a eso] podemos vivir en paz y reconocer las identidades que tenemos con los peruanos, compartir intereses y una relación positiva”, apunta Moncayo.

El exjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Ecuador tiene como opinión general sobre Fujimori que fue un dictador apoyado por los Estados Unidos, que lo vieron como una forma de derrotar la subversión comunista mariateguista en Perú, por lo que no dijeron nada cuando Fujimori cerró el Congreso y aumentó su influencia en todos los poderes del Estado.

Casa adentro

Manifestantes participan en una protesta contra la liberación del expresidente Alberto Fujimori gracias a una decisión del Tribunal Constitucional, el jueves en la plaza San Martín de Lima.

Manifestantes participan en una protesta contra la liberación del expresidente Alberto Fujimori gracias a una decisión del Tribunal Constitucional, el jueves en la plaza San Martín de Lima. (Paolo Aguilar/)

Antes de la restitución del indulto a Alberto Fujimori, el jueves, él cumplía una condena de cárcel por 25 años tras ser condenado en 2009 como autor mediato (con dominio del hecho) de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, cometidas en 1991 y 1992, respectivamente, por el grupo militar encubierto Colina, así como por los secuestros de un empresario y un periodista tras el golpe de Estado que dio en 1992.

El indulto ha provocado rechazo en el Gobierno actual de Pedro Castillo y organizaciones de derechos humanos locales e internacionales. No obstante, el exmandatario también conserva aún un apoyo de un buen porcentaje de la población por la lucha contra Sendero Luminoso, dentro de la cual se dieron abusos, como los que son partes de su condena.

Su hija, la líder opositora peruana Keiko Fujimori, aseguró este viernes que su padre permanecerá en Perú una vez sea liberado. (I)

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